-- Para mí es importante. No sé nada de tu vida, me sorprende ver a
tanta gente aquí.
Él se rió, y se volvió para atender a otros presentes.
-- Un momento --dije, cogiéndolo del brazo--. No has contestado a mi
pregunta.
-- Nada que te interese mucho, Pilar.
-- De cualquier manera, quiero saberlo.
Él respiró hondo y me llevó a un rincón de la sala.
-- Las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el catolicismo y
el islamismo, son masculinas. Los sacerdotes son hombres. Los hombres go-
biernan los dogmas y hacen las leyes.
-- ¿Y qué quiso decir la señora?
Él vaciló un poco. Pero respondió:
-- Que tengo una visión diferente de las cosas. Que creo en el rostro
femenino de Dios.
Respiré aliviada; la mujer estaba engañada. Él no podía ser seminarista,
porque los seminaristas no tienen una visión diferente de las cosas.
-- Te has explicado muy bien --respondí.

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