políticos con buena formación y oficiales de gobierno, que toman decisiones financieras con poco o
nada de entrenamiento sobre el tema del dinero.
A menudo, yo miro hacia adelante, más allá del año 2000, y me pregunto qué pasará cuando
tengamos millones de personas necesitando asistencia médica y financiera. Ellas dependerán de sus
familias o del gobierno para sostenerse financieramente. ¿Y qué va a pasar cuando los servicios
sociales de salud y las cajas de jubilación se queden sin dinero? ¿Cómo podrá sobrevivir una nación
si lo que debe ser enseñado a los niños acerca del dinero queda en manos de los padres --la
mayoría de los cuales serán, o ya son, pobres?
Dado que tuve dos padres influyentes, yo aprendí de ambos. Tuve que reflexionar sobre los
consejos de cada uno de mis papás, y al hacerlo, obtuve una valiosa percepción de mi naturaleza
interior en relación al poder y efecto de los propios pensamientos en la vida de cada uno. Por
ejemplo, un padre tenía el hábito de decir "no puedo afrontarlo". El otro prohibió el uso de tales
palabras. El insistía en que yo dijera "¿cómo puedo afrontarlo?" La primera frase es una afirmación,
mientras que la segunda es una pregunta. Una nos deja fuera de combate, mientras que la otra nos
fuerza a pensar. Mi padre envías de hacerse rico explicaría que, automáticamente, al decir "no
puedo afrontarlo", nuestro cerebro cesa de trabajar. Al formular la pregunta "¿cómo puedo
afrontarlo?", nuestro cerebro comienza a trabajar. El no se refería a comprar todo lo que uno
quisiera. El era un fanático de la ejercitación de la mente, la computadora más poderosa del mundo.
"Mi cerebro se pone cada día más fuerte porque lo ejercito. Más se fortalece, más dinero puedo
hacer." El creía que afirmar automáticamente "no puedo afrontarlo" era una señal de haraganería
mental.
Aunque ambos padres trabajaban arduamente, advertí que uno de ellos, tenía el hábito de poner su
mente a dormir cuando se trataba de asuntos de dinero, y el otro, tenía el hábito de ejercitar su
cerebro. El resultado a largo plazo fue que, financieramente, uno de ellos se fortaleció, mientras el
otro resultó debilitado. Esto no es muy diferente de alguien que asiste a un gimnasio a ejercitarse
regularmente, versus alguien que se sienta en su sofá a mirar televisión. El ejercicio físico
apropiado aumenta sus chances de salud, y el ejercicio mental apropiado aumenta sus chances de
riqueza. La haraganería disminuye ambas, salud y riqueza.
Mis dos papás tenían formas opuestas de pensar. Un papá pensaba que los ricos deberían pagar más
en impuestos para ayudar a aquellos menos afortunados. El otro decía, "los impuestos castigan a
quienes producen y premian a quienes no lo hacen".
Un papá recomendaba, "estudia mucho, así encontrarás una buena compañía en la cual trabajar". El
otro recomendaba, "estudia mucho, así encontrarás una buena compañía para comprarla".
Un papá decía, "la razón por la que no soy rico es porque los tengo a ustedes, niños". El otro decía,
"la razón por la que debo ser rico es porque los tengo a ustedes, niños".
Uno alentaba a hablar de negocios y dinero durante la cena. El otro prohibía que el tema dinero
fuera discutido durante la comida.
Uno decía, "cuando se trata de dinero, juega sobre seguro, no corras riesgos". El otro decía,
"aprende a manejar el riesgo".
Uno creía, "nuestro hogar es nuestra mayor inversión y nuestro más grande activo". El otro creía,
"mi casa es un pasivo, y si tu casa es tu mayor inversión, estás en problemas".
Ambos papás pagaban sus cuentas a tiempo, pero uno las pagaba en primer término mientras que el
otro lo hacía en último.
Un papá creía en que una compañía, o el gobierno, cuidaran de uno y sus necesidades. Siempre
estaba interesado en aumentos, planes de retiro, beneficios médicos, licencias por enfermedad,
vacaciones y otros ornamentos. El estaba muy impresionado con dos tíos que fueron miembros de
las fuerzas armadas y obtuvieron una jubilación y acreditaciones de por vida, luego de veinte años
de servicio activo. Amaba la idea de los beneficios médicos y otros beneficios que el ejército
brindaba a sus retirados. También amaba el sistema de puestos inamovibles accesible a través de la
universidad. La idea de un trabajo protegido de por vida, y sus beneficios, parecía a veces más
importante que el trabajo en sí. A menudo él decía, "he trabajado duro para el gobierno, y eso me da
derecho a los beneficios".
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