EPILOGO
Educación
universitaria por
7.000 dólares
A medida que el libro se aproxima al final y se acerca el momento de su publicación, me gustaría
compartir un pensamiento final con ustedes.
La principal razón por la que escribí este libro fue para compartir una visión interior de cómo la
inteligencia financiera incrementada puede ser utilizada para resolver muchos de los problemas
comunes de la vida. Sin entrenamiento financiero, muy a menudo usamos fórmulas estándar para
llevar adelante nuestras vidas, tales como trabajar arduamente, ahorrar, solicitar préstamos y pagar
impuestos excesivos. Actualmente necesitamos mejor información.
Utilizo el siguiente relato como ejemplo final de un problema financiero que enfrentan muchas
jóvenes familias de hoy en día. ¿Cómo hace usted para afrontar una buena educación para sus hijos
y, al mismo tiempo, proveer los fondos necesarios para su propia jubilación? Es un ejemplo de
cómo emplear la inteligencia financiera, en lugar del trabajo arduo, para lograr el mismo objetivo.
Un día, un amigo mío estaba preocupado por el tema de lo difícil que era ahorrar dinero para la
futura educación universitaria de sus cuatro hijos. Estaba guardando us$ 300 por mes en un fondo
común, y ya había acumulado casi us$ 12.000. Estimaba que necesitaría us$ 400.000 para que sus
cuatro hijos fueran a la universidad. Le quedaban 12 años para ello, dado que el mayor de sus hijos
tenía entonces 6 años de edad.
Corría el año 1991, y el mercado inmobiliario de Phoenix estaba terrible. La gente estaba regalando
sus casas. Sugerí a mi compañero de clase que comprara una casa con parte del dinero que tenía en
el fondo común. La idea lo intrigó, y empezamos a analizar esa posibilidad. Su principal
preocupación era que no tenía más crédito en el banco para poder comprar otra casa, dado que su
disponibilidad estaba agotada. Le aseguré que existían otras alternativas para financiar una
propiedad, diferentes a la del banco.
Buscamos una casa durante dos semanas, una que cumpliera con todos los criterios que estábamos
buscando. Había una infinidad para elegir, de manera que la búsqueda fue bastante divertida.
Finalmente, encontramos una casa con 3 dormitorios y 2 baños, en un buen vecindario. El dueño
había sido víctima de la reducción de la empresa para la cual trabajaba, y necesitaba vender ese día
porque se mudaba con toda su familia' a California, donde lo aguardaba un nuevo empleo.
El pedía us$ 102.000, pero le ofrecimos solamente us$ 79.000. Aceptó inmediatamente. La casa
tenía adjudicado un préstamo sin requisitos, lo que significa que aún un vagabundo sin trabajo
podría comprarla sin la previa aprobación de un banco. El dueño debía us$ 72.000, de manera que
todo lo que mi amigo tenía que aportar eran us$ 7.000, o sea, la diferencia de precio entre lo que se
debía y el precio de venta. En cuanto el dueño se mudó, mi amigo puso la casa en alquiler.
Mensualmente, luego de pagar los gastos, incluyendo la cuota de la hipoteca, le quedaban us$ 125
en su bolsillo.
Su plan era conservar la casa durante 12 años y dejar que la hipoteca se pagara lo más rápido
posible, mediante la deducción mensual de esos us$ 125 de la deuda. Nos imaginamos que en 12
años, estaría cancelada en gran parte y, para cuando su primer hijo fuera a la universidad, él podría
estar recibiendo us$ 800 netos por mes. También podría vender la casa si su valor aumentaba.
En 1994, el mercado inmobiliario de Phoenix cambió repentinamente, y el inquilino que vivía allí,
quien amaba esa casa, le ofreció comprarla por us$ 156.000. Nuevamente mi amigo me preguntó
qué pensaba yo, y naturalmente le dije ¡vende!, bajo el amparo del diferimiento 1031 --de
impuestos por recambio.
Página 109 de 115
|
|