Volvía a estar, precisamente donde lo deseaba, en el espacio que los hombres
llamaban real.
47 El hijo de las estrellas
Ante él, como espléndido juguete que ningún Hijo de las Estrellas podría resistir, flotaba
el planeta Tierra con todos sus pueblos.
El había vuelto a tiempo. Allá abajo, en aquel atestado globo, estarían fulgurando las
señales de alarma a través de las pantallas de radar, los grandes telescopios de rastreo
estarían escudriñando los cielos... y estaría finalizando la historia, tal como los hombres la
conocían.
Se dio cuenta que mil kilómetros más abajo se había despertado un soñoliento
cargamento de muerte, y estaba moviéndose perezosamente en su órbita. Las débiles
energías que contenía no eran una amenaza para él; pero prefería un firmamento más
despejado. Puso a contribución su voluntad, y los megatones que circulaban en órbita
florecieron en una silenciosa detonación, que creó una breve y falsa alba en la mitad del
globo dormido.
Luego esperó, poniendo en orden sus pensamientos y cavilando ante sus poderes aún
no probados. Pues aunque era el amo del mundo, no estaba del todo seguro sobre lo que
hacer a continuación.
Mas ya pensaría en algo.
FIN
|
|