(porque la sinceridad me lo imponía): `Si, he buscado a Tash todos mis días'.
`Amado', dijo el Glorioso Ser, `si tu anhelo no hubiera sido por mí no habrías
buscado tanto tiempo ni con tanta fidelidad. Pues todos encuentran lo que buscan
de verdad'.
"Luego sopló sobre mí y me quitó el temblor de mis piernas y brazos e hizo
que pudiera ponerme de pie. Y después de eso no dijo más, sólo que nos
volveríamos a encontrar y que yo debo seguir más hacia arriba y más hacia
adentro. En seguida se convirtió en una tormenta y en una ráfaga de oro y
desapareció repentinamente.
"Y desde entonces, ¡oh, Reyes y Damas!, he vagado para encontrarlo y mi
felicidad es tan grande que hasta me duele como una herida. Y esta es la maravilla
de las maravillas, que él me haya dicho Amado, a mí que no soy más que un
perro...
--¿Eh? ¿Qué fue eso? --dijo uno de los Perros.
--Señor --contestó Emeth--. Es sólo una manera de hablar que tenemos en
Calormen.
--Bueno, no puedo decir que me guste mucho --dijo el Perro.
--No ha querido ofender --opinó un Perro más viejo--. Después de todo,
nosotros llamamos a nuestros cachorros Niños, cuando no se portan bien.
--Es verdad --dijo el primer Perro--. O niñas.
--¡S-s-h! --dijo el Perro Viejo--. No es buena educación decir eso. Recuerda
dónde estamos.
--¡Miren! --exclamó de súbito Jill.
Alguien se acercaba, tímidamente, hacia ellos; una criatura muy graciosa de
cuatro patas, de un color gris plateado. Lo contemplaron por más de diez
segundos antes que cinco o seis voces dijeran al unísono: "¡Pero si es Cándido!"
Nunca lo habían visto a la luz del día y sin la piel de león, y fue una diferencia
extraordinaria. Era él mismo ahora: un bonito burro con su pelo tan suave y gris y
con una cara tan amable y franca que al verlo harías lo mismo que estaban
haciendo Jill y Lucía: correr hacia él y abrazar su cuello y besar su nariz y acariciar
sus orejas.
Cuando le preguntaron dónde había estado, dijo que había llegado a la
puerta con todas las demás criaturas pero había..., bueno, para decir la verdad, se
había apartado de ellos lo más posible; y de Aslan también. Porque el solo ver al
verdadero León lo había avergonzado de tal manera por todas esas tonterías de
disfrazarse con la piel de león, que no se atrevía a mirar a nadie a la cara. Pero
cuando vio que todos sus amigos iban hacia el oeste, y después de comerse un
buen bocado de pasto ("y jamás he probado un pasto tan bueno en toda mi vida",
dijo Cándido), se armó de valor y los siguió.
--Pero, ¿qué haré si realmente tengo que encontrarme con Aslan?, les
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