--Bueno, nos moriremos, supongo.
--Sí, pero quiero decir ¿qué pasará en nuestro mundo? ¿Despertaremos y nos
encontraremos de vuelta en el tren? ¿O desapareceremos sin más y jamás se sabrá
de nosotros? ¿O moriremos en Inglaterra?
--¡Qué atroz! Nunca pensé en eso.
--¡Les parecerá tan raro a Pedro y a los demás si nos ven haciéndoles señas
desde la ventana y luego cuando llega el tren, no hay nadie! O si encuentran dos...,
quiero decir, si nos morimos allá en Inglaterra.
--¡Uf! --exclamó Jill--. Qué idea tan horrorosa.
--No sería horrorosa para nosotros --contestó Eustaquio--. Nosotros no
estaríamos ahí.
--Casi me gustaría..., no, no me gustaría; sin embargo... --dijo Jill.
--¿Qué ibas a decir?
--Iba a decir que me gustaría que no hubiéramos venido. Pero no me
gustaría, no me gustaría, no me gustaría. Aunque nos maten. Prefiero morir
peleando por Narnia que hacerme vieja y ponerme estúpida en mi casa y tal vez
andar en silla de ruedas y terminar muriéndome igual.
--¡O morir en un accidente en los ferrocarriles británicos!
--¿Por qué dices eso?
--Bueno, cuando sentimos ese espantoso sacudón, el que parece que nos
arrojó en Narnia, pensé que era el comienzo de un accidente de tren. Por eso me
alegré tanto de que en cambio nos encontráramos aquí.
Mientras Jill y Eustaquio conversaban así, los otros discutían sus planes y
empezaban a sentirse menos abatidos. Era porque ahora iban pensando en lo que
debían hacer esa misma noche y el recuerdo de lo que había pasado en Narnia, el
recuerdo de que toda su gloria y sus alegrías habían terminado, había sido
relegado al fondo de sus mentes. En cuanto dejaran de hablar podría volver otra
vez y hacerlos sentirse desdichados nuevamente; y seguían hablando. En realidad,
Poggin estaba muy contento con la labor que habían de cumplir esa noche. Estaba
cierto de que el Jabalí y el Oso, y tal vez todos los Perros, se pondrían de su parte
inmediatamente. Y no podía creer que los demás Enanos permanecieran fieles a
Griffle. Y luchar a la luz del fuego, entrando y saliendo de en medio de los árboles,
sería una ventaja para el bando más débil. Y entonces, si lograban vencer esta
noche ¿era realmente necesario sacrificar sus vidas enfrentando al poderoso
ejército calormene unos días más tarde?
¿Por qué no ocultarse en los bosques, o incluso allá en el Yermo del Oeste
detrás de la gran catarata y quedarse viviendo allí como proscritos? Y
gradualmente se irían fortaleciendo, porque las Bestias que Hablan y los
archenlandeses se les irían uniendo día a día. Y al fin saldrían de su escondite y
barrerían a los calormenes (que para ese entonces se habrían vuelto descuidados)
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