--Tenemos tanto miedo de que nos eches de aquí, Aslan. Y tú nos has
mandado tantas veces de vuelta a nuestro propio mundo.
--No hay nada que temer --dijo Aslan--. ¿No han adivinado?
Sus corazones dieron un vuelco y una salvaje esperanza nació en ellos.
--Hubo realmente un accidente de trenes --expresó Aslan, suavemente--. Tu
padre y tu madre y todos ustedes están..., como solían decirlo en las Tierras
Irreales..., muertos. Las clases han terminado: han comenzado las vacaciones. El
sueño ha concluido: esta es la mañana.
Y en tanto El hablaba, ya no les parecía un león; mas las cosas que
comenzaron a suceder de ahí en adelante fueron tan grandiosas y bellas que no
puedo escribirlas. Y para nosotros este es el final de todas las historias, y podemos
decir con toda verdad que ellos vivieron felices para siempre. Pero para ellos era
sólo el comienzo de la historia real. Toda su vida en este mundo y todas sus
aventuras en Narnia habían sido nada más que la tapa y el título: ahora, por fin,
estaban comenzando el Capítulo Primero de la Gran Historia, que nadie en la
tierra ha leído; que nunca se acaba; en la cual cada capítulo es mejor que el
anterior.
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