--No lo sería --replicó Truco--. Todos harían cualquiera cosa que tú les
dijeras.
--Pero yo no quiero decirles nada.
--¡Pero piensa en el bien que podríamos hacer! --exclamó Truco--. Me
tendrías a mí para aconsejarte, ya sabes. Yo pensaría órdenes muy sensatas para
que tú las dieras. Y todos tendrían que obedecernos, hasta el mismo Rey.
Pondríamos todo en orden en Narnia.
--Pero ¿no está todo en orden ya? --preguntó Cándido.
--¡Qué! --gritó Truco--. ¿Todo bien..., cuando no hay naranjas ni plátanos?
--Mira, has de saber --dijo Cándido-- que hay poca gente..., en realidad creo
que nadie, salvo tú..., a quien le gusta ese tipo de cosas.
--También el azúcar --dijo Truco.
--Hum, sí --dijo el Asno--. Sería muy bueno que hubiera más azúcar.
--Muy bien entonces, está convenido --declaró el Mono--. Tú te harás pasar
por Aslan y yo te diré lo que hay que decir.
--No, no, no --protestó Cándido--. No digas esas cosas tan terribles. Estaría
muy mal hecho, Truco. No seré muy listo, pero eso sí que lo sé. ¿Qué nos pasaría si
apareciera el verdadero Aslan?
--Supongo que estaría encantado --repuso Truco--. Es muy probable que él
nos haya enviado la piel de león a propósito, para que pudiéramos poner las cosas
en su lugar. Por lo demás, él nunca aparece, ya lo ves. No se aparece hoy en día.
En ese instante se escuchó un gran trueno justo arriba de ellos y el suelo
tembló con un ligero terremoto. Ambos animales perdieron el equilibrio y cayeron
de narices.
--¡Ahí tienes! --resolló Cándido, cuando logró recuperar el aliento para
hablar--. Es una señal, una advertencia.




Sabía que estábamos haciendo algo horriblemente perverso. Sácame esta
maldita piel de una vez.
--No, no --argumentó el Mono (cuya mente trabajaba a gran celeridad)--. Es

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