buena cena; pero no sería verdad si dijéramos que pasó una noche agradable.
--Traigan a la criatura --dijo Aslan.
Uno de los elefantes recogió al tío Andrés con su trompa y lo depositó a los
pies del León. Estaba demasiado aterrado para moverse.
--Por favor, Aslan (dijo Polly), ¿no podrías decir algo para..., para quitarle el
susto? ¿Y después, podría decirle algo para evitar que vuelva otra vez acá?
--¿Tú crees que quiere volver? --preguntó Aslan.
--Bueno, Aslan --repuso Polly--, podría enviar a otra persona. Está tan
entusiasmado con lo de la barra arrancada del farol que brotó y de allí creció un
árbol de farol y cree...
--El piensa sólo disparates, niña --dijo Aslan--. Este mundo está estallando
de vida en estos pocos días, porque el canto con el que lo traje a la vida aún
permanece en el aire y retumba en el suelo. No durará mucho. Pero no puedo
decirle esto a ese viejo pecador, y tampoco puedo consolarlo; él mismo se ha hecho
incapaz de escuchar mi voz. Si le hablara, lo único que oiría serían gruñidos y
rugidos. ¡Oh, hijos de Adán, con qué inteligencia se defienden a sí mismos contra
todo lo que puede hacerles un bien! Pero le daré el único regalo que todavía es
capaz de recibir.
Inclinó la cabeza con cierta melancolía, y sopló en la aterrada cara del Mago.
--Duerme --le dijo--. Duerme y aléjate por algunas pocas horas de todos los
tormentos que has deseado para ti.
De inmediato el tío Andrés se desplomó con los ojos cerrados y empezó a
respirar sosegadamente.
--Llévenlo más allá y tiéndanlo en el suelo --dijo Aslan--. Y ahora, ¡Enanos!
Demuéstrenme sus habilidades como herreros. Háganme dos coronas para vuestro
Rey y vuestra Reina.
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