El empezó a murmurar algo sobre "una violencia lamentable..., debo
realmente protestar", pero a una simple mirada de Jadis se quedó mudo. Ella lo
obligó a salir de la habitación y de la casa; y Dígory alcanzó a bajar las escalas
corriendo justo a tiempo para ver que la puerta de entrada se cerraba tras ellos.
--¡Caracoles! --exclamó--. Anda suelta por todo Londres. Y con el tío
Andrés. Quisiera saber qué ira a pasar ahora.
--¡Ay!, don Dígory --dijo la criada (para quien éste era un día
verdaderamente maravilloso)--, creo que la señorita Ketterley se ha lastimado.
Ambos corrieron al salón para saber qué había pasado.
Si la tía Letty hubiera caído en las tablas o incluso sobre la alfombra, supongo
que se habría quebrado todos los huesos, pero, con una suerte inmensa, cayó sobre
el colchón. La tía Letty era una anciana muy tenaz; así eran generalmente las tías
en aquellos días. Después de tomar un poco de sales y quedarse sentada breves
minutos, dijo que no le había pasado nada, fuera de algunos moretones. Muy
pronto asumió el mando de la situación.
--Sara --dijo a la criada (que nunca antes lo había pasado tan bien)--, ve de
inmediato a la policía y diles que hay una lunática peligrosa que anda suelta. Yo
misma le llevaré su almuerzo a la señora Kirke.
La señora Kirke era, por supuesto, la madre de Dígory.
Cuando se le hubo servido el almuerzo a su madre, Dígory y tía Letty
almorzaron también. Después de lo cual él se sumió en profunda meditación.
El problema era cómo devolver a la Bruja a su propio mundo, o como fuera
sacarla del nuestro lo antes posible. Suceda lo que suceda, no debe permitírsele
andar como loca desbocada por la casa. Su mamá no debe verla. Y, si fuera posible,
tampoco debe permitírsele a la Bruja andar como loca desbocada por todo
Londres. Dígory no estaba en el salón cuando ella trató de "pulverizar" a tía Letty,
pero la había visto cuando "pulverizó" las puertas en Charn, de manera que
conocía sus terribles poderes y no sabía que hubiera perdido alguno de ellos al
entrar en nuestro mundo. Y sabía que ella pretendía conquistarlo. En estos
momentos, a su modo de entender, debía estar haciendo añicos el Palacio de
Buckingham o el Parlamento; y era casi seguro que un buen número de policías
debían haber sido reducidos a un montón de polvo. Y aparentemente no había
nada que él pudiera hacer al respecto.
"Pero parece que los Anillos actúan como imán --pensó Dígory--. Si
solamente lograra tocarla y luego ponerme el amarillo, llegaríamos los dos al
Bosque entre los Mundos. ¿Se irá a desmayar allá otra vez? ¿Será algo que le
produce ese lugar, o será solamente la conmoción de ser arrancada de su propio
mundo? Pero creo que tendré que correr ese riesgo. ¿Y cómo voy a encontrar a esa
fiera? No creo que la tía Letty me deje salir, a menos que le diga dónde voy. Y no
me quedan más que algunas monedas. Necesitaría cualquier cantidad de dinero
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