No es su tipo de mundo, ¿no es cierto, Polly? Es muy aburrido; no vale la pena
conocerlo, realmente.
--Pronto valdrá la pena verlo, cuando yo lo gobierne --contestó la Reina.
--Pero es que no podrás --insistió Dígory--. No es tan fácil. No te lo
permitirán, créeme.
La Reina lo miró con una sonrisa despectiva.
--Muchos grandes reyes --dijo-- pensaron que podían enfrentarse a la Casa
de Charn. Pero todos cayeron, y hasta sus nombres han sido olvidados. ¡Niño
estúpido! ¿Crees que yo, con mi belleza y mi magia, no tendré a tu mundo entero a
mis pies antes de que pase un año? Preparen sus conjuros y llévenme allí de
inmediato.
--Esto es lo más espantoso que hay --dijo Dígory a Polly.
--Quizás tienes miedo por ese tío tuyo --continuó Jadis--. Pero si me honra
como es debido, conservará su vida y su trono. No iré a pelear contra él. Debe ser
un gran mago, ya que ha encontrado la manera de enviarte hasta acá. ¿Es el rey de
todo tu mundo o de sólo una parte?
--No es el rey de ninguna parte --repuso Dígory.
--Mientes --dijo la Reina--. ¿No va la magia siempre unida a la sangre real?
¿Quién escuchó alguna vez decir que la gente común sepa de magia? Puedo ver la
verdad, así la digas o no. Tu tío es el gran Rey y el gran Hechicero de tu mundo. Y
por sus artes mágicas ha visto la sombra de mi rostro, en algún espejo mágico o en
algún estanque encantado; y, enamorado de mi belleza, ha formulado un potente
hechizo que ha remecido tu mundo hasta sus cimientos y te ha enviado a través del
inmenso golfo entre mundo y mundo a pedirme que por favor te deje llevarme a
él. Respóndeme: ¿no es así como ha pasado?
--Bueno, no exactamente --respondió Dígory.
--¡No exactamente! --gritó Polly--. Pero si son puras tonterías, de principio a
fin.
|
|