--Porque no soy tonto, por eso. Si alguna vez hubieran descubierto
que podía hablar, habrían montado un espectáculo conmigo en las ferias y
me habrían vigilado más cuidadosamente que antes. Mi última oportunidad
de escapar se habría esfumado.
-- ¿Y por qué? --comenzó Shasta, pero el caballo lo interrumpió.
--Mira --le dijo--, no podemos perder tiempo con preguntas tontas.
Tú quieres saber acerca de mi amo el Tarkaan Anradin. Bueno, es malo. No
tan malo conmigo, ya que un caballo de guerra es muy costoso como para
tratarlo mal. Pero sería preferible que te cayeras muerto esta noche antes
que ser un esclavo humano en esa casa mañana.
--Entonces es mejor que huya --dijo Shasta, palideciendo.
--Sí, es mejor --dijo el caballo--. Pero ¿por qué no escapar
conmigo?
--¿Tú también vas a escapar? --dijo Shasta.
--Claro, si tú vienes conmigo --contestó el caballo--. Es la
oportunidad para los dos. Mira, si huyo solo, sin jinete, el que me vea dirá,
"un caballo perdido", y se pondrá a perseguirme lo más rápido que pueda.
En cambio, con un jinete, tendré una posibilidad de pasar inadvertido. En
eso me puedes ayudar. Por otra parte, tú no podrás ir muy lejos con esas dos
tontas piernas tuyas (¡qué patas tan absurdas tienen los humanos!) sin que te
agarren. Pero montándome a mí puedes dejar atrás a cualquier caballo en
este país. En eso te puedo ayudar yo. A propósito, supongo que sabes
montar, ¿no?
--Claro que sí --dijo Shasta--. Por lo menos, he montado el burro.
--¿Montado qué? --exclamó secamente el caballo, con enorme
desprecio. (O al menos eso fue lo que él pretendió decir. En verdad lo que
salió fue una suerte de relincho:
"Montado quhe-he-he". Los caballos que hablan siempre toman un
acento muy caballuno cuando están enojados.)
--En otras palabras --continuó--, no sabes montar. Es una
desventaja. Tendré que enseñarte mientras cabalgamos. Si no sabes montar,
¿sabes caer?
--Supongo que cualquiera puede caerse --repuso Shasta.
--Quiero decir caer y levantarse otra vez sin llorar y montar de nuevo
y caer otra vez y ni aun así tener miedo de caerse.
--Tra... trataré --dijo Shasta.
--Pobre bestiecita --dijo el caballo en un tono más amable--. Me
olvido de que eres sólo un potrillo. Con el tiempo haremos de ti un
espléndido jinete. Y ahora... no podremos salir hasta que esos dos allá en la
cabaña estén dormidos. Por mientras, haremos nuestros planes. Mi Tarkaan
va camino al norte, a la gran ciudad de Tashbaan, a la corte del Tisroc...
--Oye --le cortó la palabra Shasta, bastante escandalizado--, ¿no
deberías añadir "que viva para siempre"?

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