dolorosos, pero no son profundos ni peligrosos.
--¡Caramba! --exclamó Aravis--. He tenido suerte.
--Hija --dijo el Ermitaño--, yo he vivido ciento nueve inviernos en
este mundo y todavía no he encontrado eso que llaman Suerte. Hay algo en
todo esto que no comprendo: pero si algún día necesitamos saberlo, puedes
estar segura de que lo sabremos.
--¿Y qué hay de Rabadash y sus doscientos caballos? --preguntó
Aravis.
--No pasarán por aquí, creo --repuso el Ermitaño--. Ya deben haber
encontrado un vado más al este. De allí tratarán de cabalgar derecho a
Anvard.
--¡Pobre Shasta! --dijo Aravis--. ¿Tiene que ir muy lejos? ¿Llegará
primero?
--Hay buenas esperanzas --respondió el anciano. Aravis volvió a
tenderse (de lado esta vez) y dijo:
--¿He dormido mucho tiempo? Parece que está oscureciendo.
El Ermitaño miró hacia afuera por la única ventana, que daba al norte.
--Esta no es la oscuridad de la noche --dijo luego--. Las nubes
vienen bajando desde la Punta Borrascosa. El mal tiempo que tenemos por
estos lados viene siempre de allí. Habrá niebla espesa esta noche.
Al día siguiente, salvo por su espalda adolorida, Aravis se sentía tan
bien que después del desayuno (que fue sopa de avena y crema) el Ermitaño
le dijo que podía levantarse. Y, claro, se fue de inmediato a hablar con los
caballos. El tiempo había cambiado y todo aquel verde recinto estaba lleno,
como una enorme copa verde, de un sol radiante. Era un lugar muy plácido,
solitario y tranquilo.
Juin trotó inmediatamente hacia Aravis y le dio un beso de caballo.
--Pero ¿dónde está Bri? --dijo Aravis cuando ya se habían
preguntado una a otra sobre su salud y cómo habían dormido.
--Está allá --repuso Juin, señalando con su nariz al otro lado del
círculo--. Y me gustaría que fueras a hablar con él. Algo le pasa. No he
logrado sacarle una palabra.
Atravesaron lentamente y encontraron a Bri echado con la cara vuelta
hacia la pared, y a pesar de que seguramente las oyó acercarse, no volvió la
cabeza ni dijo una palabra.
--Buenos días, Bri --saludó Aravis--. ¿Cómo has amanecido hoy?
Bri murmuró algo que nadie alcanzó a oír.
--El Ermitaño dice que es muy probable que Shasta haya llegado a
tiempo donde el Rey Lune --prosiguió Aravis--, así es que parece que
todos nuestros pesares han terminado. ¡Narnia, por fin, Bri!
--Nunca veré Narnia --dijo Bri en voz baja.
--¿No te sientes bien, querido Bri? --preguntó Aravis.
Bri se dio vuelta finalmente, con una cara melancólica como sólo los

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