--Bruhuhá --resopló--. ¡Quieta! Te escuché. No sacas nada con
fingir, señora. Yo te escuché. Eres un caballo que habla, un caballo narniano
igual que yo.
--¿Y qué tiene que ver contigo si ella lo es? --dijo el extraño jinete
furioso, llevando la mano a la empuñadura de su espada. Pero la voz que
pronunció esas palabras había dicho algo a Shasta.
--¡Pero si es sólo una niña! --exclamó.
--¿Y qué te importa a ti que yo sea sólo una niña? --dijo bruscamente
la desconocida--. Tú eres sólo un niño: un niñito grosero y vulgar, un
esclavo probablemente, que ha robado el caballo de su amo.
--Eso es lo que tú dices --dijo Shasta.
--El no es un ladrón, pequeña Tarkeena --dijo Bri--. Por último, si
es que ha habido algún robo, puedes igualmente decir que yo lo robé a él. Y
aunque no sea asunto mío, no puedes esperar a que me cruce con una dama
de mi propia raza en este país extraño sin hablar con ella. Es muy natural
que así lo haga.
--Yo también pienso que es muy natural --dijo la yegua.
--Quiero que te calles, Juin --ordenó la niña--. Mira el problema en
que nos has metido.
--No veo cuál es el problema --dijo Shasta--. Pueden largarse
cuando quieran. No las detendremos.
--No, no nos detendrán --dijo la niña.
--Qué criaturas tan peleadoras son estos humanos --dijo Bri a la
yegua--. Son peores que las mulas. Tratemos de hablar razonablemente.
Me imagino, señora, que tu historia es igual a la mía. ¿Capturada muy
joven..., años de esclavitud entre los calormenes?
--Muy cierto, señor --repuso la yegua con un relincho melancólico.
--¿Y ahora, quizás... has escapado?
--Dile que se meta en sus cosas, Juin --ordenó la niña.
--No, no lo haré, Aravis --contestó la yegua, echando atrás sus
orejas--. Esta es mi fuga tanto como tuya. Y estoy segura de que un noble
caballo de guerra como éste no nos va a traicionar. Estamos tratando de
huir, de llegar a Narnia.
--Y, claro está, nosotros también --dijo Bri--. Por supuesto que
ustedes lo adivinaron inmediatamente. Un chiquillo harapiento montando (o
tratando de montar) un caballo de guerra a altas horas de la noche no puede
significar otra cosa que algún tipo de fuga. Y, si me permites decirlo, una
aristocrática Tarkeena cabalgando sola de noche, vestida con la armadura
de su hermano, y muy ansiosa de que nadie se inmiscuya en sus asuntos y
no le hagan preguntas, bueno, ¡si eso no huele raro, yo soy un jamelgo!
--Está bien entonces --dijo Aravis--. Lo han adivinado. Juin y yo
nos hemos escapado. Estamos tratando de llegar a Narnia. ¿Y qué?
--Pues, en ese caso, ¿qué nos impide viajar juntos? --dijo Bri--.
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