cuanto escuchó que yo iba a salvar a Archenland de un gran peligro, decidió
que había que librarse de mí. Bueno, lo logró raptándome (no sé
exactamente cómo) y escapó por el Flecha Sinuosa hasta la costa. Tenía
todo preparado y había un barco, tripulado por sus propios seguidores, listo
para él, y se hizo a la mar conmigo a bordo. Pero mi padre lo descubrió,
aunque no tan a tiempo, y salió tras él lo más rápidamente que pudo. Lord
Bar ya estaba en altamar cuando mi padre llegó a la costa, pero aún no se
perdía de vista. A los veinte minutos se embarcaba mi padre en uno de sus
propios barcos de guerra. Debe haber sido una maravillosa persecución.
Pasaron seis días siguiendo el galeón de Bar y al séptimo entraron en
combate. Fue una gran batalla naval (oí hablar mucho de ella ayer en la
tarde) desde las diez de la mañana hasta la puesta del sol. Los nuestros se
apoderaron finalmente del barco. Pero yo ya no estaba en él. Lord Bar había
muerto en la batalla. Pero uno de sus hombres dijo que esa mañana al alba,
tan pronto vio que seguramente iba a ser alcanzado, Bar me había entregado
a uno de sus caballeros y nos había alejado a ambos en el bote del barco. Y
nunca más se vio aquel bote. Pero, por supuesto, era el mismo bote que
Aslan (parece que él está detrás de todas las historias) empujó hasta la playa
en el sitio preciso para que Arshish me recogiera. Me gustaría saber el
nombre de ese caballero, porque él debe haberme mantenido con vida y
debe haber muerto de hambre para lograrlo.
--Supongo que Aslan diría que ésa es parte de la historia de otra
persona --dijo Aravis.
--Me olvidaba de eso --asintió Cor.
--Y me pregunto cómo se cumplirá la profecía --continuó Aravis--,
y qué gran peligro es ese del que salvarás a Archenland.
--Bueno --respondió Cor, un poco incómodo--, parece que ellos
creen que ya lo hice.
Aravis batió palmas.
--¡Pero claro! --exclamó--. ¡Qué estúpida soy! ¡Qué maravilloso!
Jamás ha estado Archenland en un peligro mayor que cuando Rabadash
cruzó el Flecha con sus doscientos caballos y tú todavía no llegabas con tu
mensaje. ¿No te sientes orgulloso?
--Creo que me siento un poco asustado --respondió Cor.
--Y ahora vas a vivir en Anvard --dijo Aravis, en tono un poco
melancólico.
--¡Ah! --dijo Cor--. Casi se me olvida a qué vine. Mi padre quiere
que tú vengas a vivir con nosotros. Dice que no hay una dama en la corte
(ellos lo llaman la corte, no sé por qué) desde que murió mi madre. Ven,
Aravis. Te gustará mi padre... y Corin. No son como yo; ellos han sido
educados como corresponde. No debes temer que...
--¡Oh, cállate! --exclamó Aravis--, o vamos a tener una verdadera
pelea. Claro que iré.

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