Cuando recobró el aliento, el Príncipe dijo:
--Caballeros, les doy las gracias.
Los tres conquistadores quedaron mirándose fijamente y jadeando largo rato, sin
decir una palabra. Jill, prudentemente, se había sentado y guardaba silencio; se decía:
"Espero no desmayarme... ni lloriquear... ni hacer ninguna idiotez".
--Mi real madre ha sido vengada --dijo Rilian de pronto--. Este es sin duda el
mismo reptil que perseguí en vano al lado de la fuente en los bosques de Narnia, hace tanto
tiempo. Todos estos años he sido el esclavo de la asesina de mi madre. Sin embargo, estoy
contento, caballeros, de que esa Bruja asquerosa haya por fin tomado su forma de serpiente.
Iría contra mis sentimientos y contra mi honor el tener que asesinar a una mujer. Pero miren
a la dama.
Se refería a Jill.
--Estoy bien, gracias --dijo ella.
--Damisela --le dijo el Príncipe, haciendo una reverencia--. Tienes mucho valor, y
por lo tanto no dudo de que eres de sangre noble en tu mundo. Pero vengan, amigos. Aquí
queda un poco de vino. Tomemos un trago y hagamos un brindis por cada uno de nosotros.
Y después, a nuestros planes.
--Superbuena idea, Señor --dijo Scrubb.

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