frente a Carter en el asunto del conejo? ¿Y no guardé el secreto sobre Spivvins, y eso que
me torturaron? ¿Y no...
--N-no lo sé ni m-me importa --sollozó Jill.
Scrubb se dio cuenta de que todavía no se le pasaba la pena, y amistosamente le
ofreció una pastilla de menta. El también se comió una. Y poco después Jill comenzó a ver
las cosas mucho más claras.
--Perdóname, Scrubb --le dijo-- Fui muy injusta. Es cierto que hiciste todo eso...
este último trimestre.
--Entonces borra el trimestre anterior, por favor --pidió Eustaquio--. Yo era otro
tipo en esa época. Era... ¡demonios!, ¡qué mísera garrapata era yo!
--Bueno, francamente, así eras --dijo Jill.
--Oye, ¿crees que he cambiado? --preguntó Eustaquio.
--No sólo yo --repuso Jill--. Todos dicen lo mismo; hasta ellos lo han notado.
Leonora Blackinston oyó que Adela Pennyfather hablaba ayer de esto en el vestuario. Dijo:
"Alguien está influenciando al niño Scrubb. Este trimestre ha estado absolutamente
inmanejable. Tendremos que ocuparnos de él lo antes posible".
Eustaquio sintió un escalofrío. En el Colegio Experimental todo el mundo sabía lo
que significaba que ellos se "ocuparan" de uno.
Ambos niños se quedaron callados un rato. Las gotas caían de las hojas del laurel.
--¿Por qué estás tan distinto a lo que eras el trimestre pasado? --preguntó Jill de
pronto.
--Me pasaron un montón de cosas raras en las vacaciones --respondió Eustaquio en
tono misterioso.
--¿Qué tipo de cosas? --preguntó Jill.
Eustaquio no habló una palabra durante largo rato. Luego dijo:
--Óyeme, Pole. Tú y yo odiamos este lugar más que a nada en el mundo, ¿no es así?
--Por lo menos sé que yo lo odio --dijo Jill.
--Entonces creo que puedo confiar realmente en ti.
--Superamable de tu parte --dijo Jill.
--Pero es que es un secreto terrible de verdad. Pole, dime, ¿eres buena para creer
cosas? Es decir, para creer en cosas de las que otros se reirían.
--Nunca me ha pasado --repuso Jill--, pero creo que sí.
--¿Me creerías si te dijera que en las últimas vacaciones estuve fuera del mundo...
fuera de este mundo?
--No te entiendo lo que quieres decir.
--Bueno, dejemos los mundos por ahora. Imagina que te cuento que estuve en un
lugar donde los animales pueden hablar y donde hay... este... encantamientos y dragones...
y... bueno, todo ese tipo de cosas que encuentras en los cuentos de hadas.
Scrubb se sintió tremendamente incómodo al decir esto y se puso colorado.
--¿Cómo llegaste allá? --preguntó Jill. También ella se sentía curiosamente
avergonzada.
--De la única manera posible: la magia --dijo Eustaquio, casi en un murmullo--. Iba
con dos primos míos. Y simplemente... nos hicieron desaparecer de repente. Mis primos ya
habían estado allí antes.
Ahora que hablaban en murmullos, no sé por qué Jill encontró más fácil creerle. De
pronto se le ocurrió una horrible sospecha y dijo (tan furiosa que por un momento pareció
una tigresa):

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