decir, gigantes que hayan vivido cientos de años atrás, y que hubieran sido lejos más
inteligentes que los de ahora. Ese puente podría haber sido construido por los mismos que
edificaron la ciudad gigante que andamos buscando. Y eso significaría que vamos por buen
camino, ¡el antiguo puente que conduce a la antigua ciudad!
--Esa es una idea realmente genial, Pole --dijo Scrubb--. Tiene que ser así. Vamos.
De modo que se volvieron y se encaminaron hacia el puente. Y al llegar a él pudieron
comprobar que parecía ser perfectamente sólido. Los bloques de piedras eran tan grandes
como los que hay en Stonehenge y deben haber sido tallados por buenos canteros hace
mucho tiempo, a pesar de que ahora estaban resquebrajados y desmoronados. La
balaustrada había estado aparentemente cubierta de magníficas esculturas y aún quedaban
algunos vestigios: enmohecidas caras y figuras de gigantes, de minotauros, calamares,
ciempiés, y de dioses terribles. Barroquejón seguía sin confiar en el puente, pero consintió
en cruzarlo con los niños.
Largo y pesado fue el ascenso hasta el centro del arco. En muchos sitios las enormes
piedras se habían desprendido abriendo horribles boquetes por donde podías mirar hacia
abajo, al río espumoso que corría a miles de metros allá al fondo. Vieron pasar un águila
volando a sus pies. Y mientras más alto subían, más helado se sentía el aire, y el viento
soplaba de tal manera que apenas se podían mantener de pie. Parecía que el puente
retemblaba.
Cuando alcanzaron la cumbre y pudieron mirar hacia abajo, hacia la otra pendiente
del puente, descubrieron lo que parecían ser los restos de un antiguo camino gigantesco que
se extendía ante ellos en medio de las montañas. Faltaban numerosas piedras en sus aceras
y, entre las que quedaban, crecían vastos tramos de pasto. Y cabalgando hacia ellos por
aquella antigua senda, venían dos personas del tamaño normal de un ser humano adulto.
--Sigan. Vamos a su encuentro --dijo Barroquejón--. Es más que probable que
cualquiera persona que encontremos en un lugar como éste sea un enemigo, pero no
dejemos que crea que le tenemos miedo.
Cuando recién bajaban del término del puente al pasto, los dos desconocidos ya
estaban muy cerca. Uno era un caballero con toda su armadura puesta y la visera bajada.
Tanto su armadura como su caballo eran negros; su escudo no tenía ningún emblema, ni
llevaba pendones su lanza. La otra persona era una dama que montaba un caballo blanco,
un caballo tan hermoso que te daban ganas de besar su nariz y darle un terrón de azúcar.
Pero la dama, que montaba a la inglesa y vestía una larga y ondulante túnica de un verde
deslumbrante, era más hermosa aún.
--Buenos dí-í-ías, viajeros --gritó con una voz tan dulce como el canto más dulce de
las aves, prolongando sus íes en forma deliciosa--. Ustedes deben ser jóvenes peregrinos
para andar caminando por este áspero yermo.
--Puede ser, señora --respondió Barroquejón, muy fríamente, manteniéndose alerta.
--Estamos buscando las ruinas de la ciudad de los gigantes --dijo Jill.
--¿La ciudad en rui-i-inas? --repitió la Dama--. Buscan un lugar bastante extraño.
¿Y qué harán si lo encuentran?
--Tenemos que... --comenzó a decir Jill, pero Barroquejón la interrumpió.
--Perdóneme, señora. Pero no la conocemos a usted ni a su amigo, un tipo callado,
¿no es así?, y usted no nos conoce a nosotros. Y preferimos no discutir nuestros asuntos
Stonehenge: Estructura megalítica de la prehistoria, que se encuentra en Inglaterra. Data probablemente del
siglo 1500 a.C.
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