--Conque apareciste otra vez, ¿ah? --dijo Scrubb, en tono antipático (y tenía algo de
razón)--. ¿Podrías quedarte callada? Quiero escuchar.
-- No seas tonto --insistió Jill--. No hay tiempo que perder. ¿No ves a ningún
antiguo amigo tuyo por aquí? Si lo ves, tienes que ir a hablar con él inmediatamente.
--¿De qué estás hablando? --dijo Scrubb.
--Es Aslan, el León, el que dijo que tienes que hacerlo --explicó desesperada Jill--.
Yo lo he visto.
--Ah ¿sí? Y ¿qué te dijo?
--Me dijo que la primera persona que tú verías en Narnia sería un viejo amigo, y que
tenías que ir y hablarle al instante.
--Bueno, pero aquí no hay nadie que yo haya visto antes en mi vida; y además no sé
si ésta es Narnia.
--Pensé que habías dicho que estuviste aquí antes --dijo Jill.
--Entonces, pensaste mal.
--¡Ah, qué estupendo! Tú me dijiste...
--Por Dios, cállate y déjame escuchar lo que están diciendo.
El Rey le hablaba al Enano, pero Jill no podía oír lo que decía. Y, por lo que pudo
entender, el Enano no respondió, aunque movía constantemente la cabeza, asintiendo.
Luego el Rey levantó la voz y se dirigió a toda la Corte; pero su voz era tan vieja y cascada
que Jill comprendió muy poco de su discurso, sobre todo que mencionaba personas y
lugares que ella no conocía. Cuando terminó, el Rey se inclinó y besó al Enano en ambas
mejillas, se enderezó, levantó su mano derecha como dando su bendición, y subió
lentamente y con paso débil por la pasarela del navío. Los cortesanos se conmovieron
muchísimo con su partida. Sacaron sus pañuelos y se oían sollozos por todas partes. La
pasarela fue retirada, sonaron trompetas en la popa y la nave comenzó a alejarse del muelle
(la remolcaba un bote a remos, pero Jill no alcanzaba a verlo).
--Y ahora --principió a decir Scrubb, pero no siguió, pues en ese momento un
enorme objeto blanco --Jill creyó por un segundo que era un volantín-- planeó en el aire y
vino a aterrizar a sus pies. Era un búho blanco, pero tan grande como un enano de tamaño
corriente.
Parpadeó y entornó los ojos como si fuera corto de vista, ladeó un poco la cabeza y

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