como si en verdad subieran y bajaran con la marea.
Es evidente que Eustaquio podría haber respondido de mil maneras a este
comentario, pero no dijo nada, porque en ese mismo momento miró las olas del cuadro
y vio que efectivamente parecían subir y bajar. Sólo una vez había estado en un barco (y
aquella vez únicamente hasta la cercana isla de Wight) y se mareó en una forma
horrible. El ver las olas en el cuadro lo hizo volver a experimentar esa desagradable
sensación; se puso verde y trató de mirar otra vez, pero en ese momento ocurrió algo
que hizo que los tres niños quedaran con la boca abierta, mirando con ojos fijos.
Seguramente lo que ellos vieron es difícil de creer cuando se lee en un libro, pero
el presenciarlo fue igualmente increíble. Todos los elementos del cuadro comenzaron a
moverse, pero no como ocurre en el cine, ya que los colores eran demasiado claros,
limpios y reales como para una película. Se sumergió la proa de la nave en la ola,
haciendo explotar una masa de espuma; luego la ola se alzó tras el barco y por primera
vez se pudieron ver su popa y cubierta, pero pronto volvieron a desaparecer con el
impacto de la siguiente ola que lo azotó, levantando nuevamente su proa. En ese mismo
momento, un cuaderno que estaba tirado en la cama al lado de Edmundo comenzó a
agitarse, luego se elevó y, por último, cruzó suavemente los aires hacia la muralla que
estaba tras él. Lucía sintió que su peló le azotaba la cara como en los días de viento; y
ese era un día ventoso, pero el viento soplaba desde el cuadro hacia ellos. Y de pronto,
junto al viento vinieron los ruidos: el murmullo de las olas, el golpe del agua contra los
costados del barco, los crujidos y el fuerte rugido constante que el agua y el aire
producían de proa a popa. Pero fue el olor, ese olor violento y salado, lo que finalmente
convenció a Lucía de que no estaba soñando.
--¡Basta! --se oyó la voz chillona de Eustaquio, rechinando de miedo y rabia--.
Esto debe ser un truco estúpido inventado por ustedes. ¡Basta! Se lo diré a Alberta...
¡Ay!
Los otros dos niños estaban más acostumbrados a las aventuras, pero así y todo
cuando Eustaquio dijo "Ay", ambos dijeron "Ay" al mismo tiempo. La causa fue una
|
|