verdad. Y la verdad no es sino el autoconocimiento: Sócrates sabía, claro, lo que decía).
De allí la presencia de la niebla; como ésta, ni más ni menos, pesa sobre los hombros la
soledad. Las escamas han de cambiarse célula a célula; el despojo debe ser tan absoluto
como la entrega. ¿Y a quién remitir el bulto? ¿A quién remitir las dudas y falsas
certezas, la no pertenencia y las soledades?
Aslan. Aslan disipa la niebla (o su presencia), Aslan sostiene, abraza, abrasa,
Aslan ama y mira. Aslan o la fuerza más que magnética del amor ("le tenía miedo a
El"). No vale desvestirse solo: hay que abandonarse para que otro desnude. ¿Qué
realidad es tan contundente?
Y se produce entonces el milagro regenerador del ciclo, la rueda, el círculo. Nace
el dragón, muere el dragón, muere el dragón, nace el dragón. La criatura "vieja y triste"
que agoniza junto al agua (el decrépito lord) cede paso al dragón nuevo que, como lo
propone San Pablo, mata en sí al antiguo. Y resurge otro --aún queda mucho por
expiar-- bajo otra piel. La violencia del canibalismo se atenúa así por la fuerza ritual de
la necesidad: no deben quedar restos del pasado, porque la incredulidad del pasado ya
no existe. Hay que parir (con dolor) la FE.
Y hay que parir (con dolor) el sueño. El que no sueña, Eustaquio, no vive, y eso le
corta el vuelo a toda aventura. ¿No ves que las profundidades de la cueva son requisito
esencial para verificar el misterio del cambio? La pelea, sin embargo, no va contra los
demás, aunque haya dragones viejos y tristes frente a ti: la pelea va contra uno mismo.
Contra uno mismo y la estúpida codicia; contra uno mismo y la ceguera y la ignorancia.
...Y, desde luego, contra la tara fatal de la "gravedad" o la mala conciencia del
propio "peso". Porque a duras penas con su cuerpo, el dragón gravita y no levita. Lo
que levita es el arte y el humor de Lewis: él se ríe con cariño de Eustaquio porque se ríe,
en el fondo, de sí mismo.
Tonto, tontito, Eustaquio: tu deficiencia en materia de dragones te impide el vuelo
liberador de la fantasía.

"POR NO HABER LEIDO NUNCA UN BUEN LIBRO".

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