protección de su Majestad? Porque de lo contrario...
En ese momento Lucía y Edmundo estornudaron.
--¡Qué tonto he sido al dejarlos aquí con sus ropas empapadas! --exclamó
Caspian--. ¿Por qué no van abajo y se cambian? Yo le cederé mi cabina a Lucía, por
supuesto, pero me temo que no tenemos ropa femenina a bordo. Tendrás que
arreglártelas con algo de lo mío. Rípichip, como buen compañero, enséñale el camino.
--Por servir a una dama, hasta por un asunto de honor debe ceder su lugar... al
menos por el momento --señaló Rípichip y lanzó una mirada muy dura a Eustaquio.
Pero Caspian los obligó a apresurarse, y pocos minutos más tarde Lucía estaba dentro
de la cabina de popa. Se enamoró de ella en el acto: las tres ventanas cuadradas, por las
que se veía el agua azul y arremolinada a popa; las tres bancas bajas con cojines que
rodeaban tres costados de la mesa; la lámpara de plata que oscilaba sobre su cabeza
("hecha por los enanos", pensó Lucía en seguida, por su exquisita delicadeza); y,
colgada en la pared de enfrente, sobre la puerta, la imagen de Aslan, el León, pintada en
oro. Todo esto lo captó Lucía en un minuto, ya que inmediatamente Caspian abrió la
puerta a estribor y entró.
--Esta será tu habitación, Lucía. Yo sólo recogeré alguna ropa seca para mí --
dijo mientras revolvía uno de los cajones--, y luego me iré para que puedas cambiarte.
Si tiras tu ropa mojada al lado de la puerta, encargaré que la lleven a la cocina para
secarla.
Lucía se sintió tan en su casa como si hubiese estado semanas en la cabina de
Caspian; el movimiento del barco no la molestaba, ya que había hecho numerosos viajes
cuando fue reina de Narnia, mucho tiempo atrás. La cabina era diminuta, pero clara y
llena de paneles pintados (pájaros, animales salvajes, dragones carmesí y parras);
además estaba inmaculadamente limpia. La ropa de Caspian era demasiado grande para
ella, pero pudo arreglárselas; no había esperanzas de usar sus zapatos, sandalias y botas
de mar, pero a ella no le importaba andar descalza a bordo. Cuando finalmente terminó
de vestirse, se asomó a la ventana para mirar el agua que pasaba vertiginosamente, y
respiró profundo. Estaba segura de que allí lo pasarían muy bien.

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