que no. He buscado sus rastros durante toda mi vida. En ocasiones me ha parecido
escuchar el eco del tambor de mi gente en las montañas. Algunas noches, en los
bosques, he creído tener una fugaz visión de faunos y sátiros danzando muy a lo
lejos; pero al acercarme, se desvanecía. A menudo pierdo las esperanzas, pero
entonces sucede algo que me impulsa a continuar la búsqueda. No sé. Pero al menos
tú puedes tratar de ser un Rey como fue Pedro, el gran Rey de antaño, y no como tu
tío.
--Entonces, ¿también es verdad lo que he escuchado de los Reyes y Reinas y
de la Bruja Blanca? --preguntó Caspian.
--Por supuesto que es verdad --afirmó Cornelius--. El reinado de los Reyes y
Reinas fue la Edad de Oro de Narnia; esta tierra nunca los ha olvidado.
--¿Vivieron en este castillo, doctor?
--No, hijo mío --respondió el anciano--. Este castillo es obra de ayer tan
sólo; fue construido por tu tátara-tatara-abuelo. Cuando Aslan coronó a los dos hijos
de Adán y a las dos hijas de Eva como Reyes y Reinas de Narnia, su morada fue el
castillo de Cair Paravel. Ningún ser viviente ha conocido ese sitio sagrado y es muy
posible que hasta sus ruinas hayan desaparecido ya. Creemos que estaba situado
lejos de aquí, en la desembocadura del Gran Río, a orillas del mar.
--¡Uf! --exclamó Caspian, sintiendo escalofríos--.
¿Quiere decir allá en los Bosques Negros? ¿Donde viven... usted sabe... los
fantasmas?
--Su Alteza repite lo que le han enseñado --dijo el doctor--. Pero no es
cierto. No hay fantasmas allí. Es una historia inventada por los Telmarinos. Tus
Reyes le tienen un miedo mortal al mar, porque no pueden olvidar que todos los
relatos hablan de que Aslan viene desde más allá del mar. No se acercan, ni quieren
que ningún narniano lo haga. Por ese motivo han dejado crecer espesos bosques,
para aislar a su gente de la costa. Y como se ha peleado con los árboles, también
temen a los bosques. Y como temen a los bosques, imaginan que están llenos de
fantasmas. Los Reyes y sus cortesanos, que odian tanto el mar como el bosque,
creen en parte estas historias, y en parte las alientan. Se sienten más a salvo si nadie
se atreve a bajar a la playa a mirar hacia el mar, hacia el reino de Aslan, hacia el
amanecer y el ocaso del mundo.
Cayó sobre ellos un profundo y prolongado silencio. Luego el doctor Cornelius
dijo:
--Ven. Llevamos aquí demasiado tiempo. Ya es hora de bajar y de volver a la
cama.
--¿Tenemos que irnos? --preguntó Caspian--. Me gustaría seguir hablando
sobre estas cosas por horas, y horas, y horas.
--Si nos quedamos, empezarían a buscarnos por todos lados --repuso el
doctor Cornelius.

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