ha ido con él. Frodo pudo haber vuelto mientras todos estábamos buscándolo. Me
encontré con Sam subiendo la pendiente y le dije que me siguiera; pero es evidente que no
lo hizo. Adivinó las intenciones del amo y regresó antes que Frodo partiera. ¡No le resultó
nada fácil dejar atrás a Sam!
-¿Pero por qué tenía que dejarnos a nosotros y sin decir una palabra? -dijo Gimli-.
¡Extraña ocurrencia!
-Y brava ocurrencia -dijo Aragorn-. Sam tenía razón, pienso. Frodo no quería llevar a
ningún amigo a la muerte en Mordor. Pero sabía que él no podía eludir la tarea. Algo le
ocurrió después de dejarnos que acabó con todos sus temores y dudas.
-Quizá lo sorprendieron unos orcos cazadores y huyó -dijo Legolas.
-Huyó, ciertamente -dijo Aragorn-, pero no creo que de los orcos.
Qué había provocado según él la repentina resolución y la huida de Frodo, Aragorn no
lo dijo. Las últimas palabras de Boromir las guardó en secreto mucho tiempo.
-Bueno, al menos ahora algo es claro -dijo Legolas-. Frodo ya no está de este lado del
río: sólo él puede haber llevado la barca. Y Sam lo acompaña: sólo él ha podido llevarse el
bulto.
-La alternativa entonces -dijo Gimli- es tomar la barca que queda y seguir a Frodo, o
perseguir a los orcos a pie. En cualquier caso hay pocas esperanzas. Hemos perdido ya
horas preciosas.
-¡Dejadme pensar! -dijo Aragorn-. ¡Ojalá pueda elegir bien y cambiar la suerte nefasta
de este desgraciado día! -Se quedó callado un momento. - Seguiré a los orcos -dijo al fin-.
Yo hubiera guiado a Frodo a Mordor acompañándolo hasta el fin; pero para buscarlo ahora
en las tierras salvajes tendría que abandonar los prisioneros a los tormentos y a la muerte.
Mi corazón habla al fin con claridad: el destino del Portador ya no está en mis manos. Pero
no podemos olvidar a nuestros compañeros mientras nos queden fuerzas. ¡Vamos!
Partiremos en seguida. ¡Dejad aquí todo lo que no nos sea indispensable! ¡Marcharemos sin
detenernos de día y de noche!


Arrastraron la última barca hasta los árboles. Pusieron debajo todo lo que no necesitaban
y no podían llevar y dejaron Parth Galen. El sol ya declinaba cuando regresaron al claro
donde había caído Boromir. Allí examinaron un rato las huellas de los orcos. No se
necesitaba mucha habilidad para encontrarlas.
-Ninguna otra criatura pisotea el suelo de este modo -dijo Legolas-. Parece que se
deleitaran en romper y aplastar todo lo que crece, aunque no se encuentre en el camino de
ellos.
-Pero no les impide marchar con rapidez -dijo Aragorn- y no se cansan. Y más tarde
tendremos que buscar la senda en terrenos desnudos y duros.
-Bueno, ¡vayamos tras ellos! -dijo Gimli-. También los enanos son rápidos y no se
cansan antes que los orcos. Pero será una larga cacería: nos llevan mucha ventaja.
-Sí -dijo Aragorn a todos nos hará falta la resistencia de los enanos. ¡Pero adelante!
-,
Con o sin esperanza, seguiremos las huellas del enemigo. ¡Y ay de ellos, si probamos que
somos más rápidos! Haremos una cacería que será el asombro de las Tres Razas
emparentadas: Elfos, Enanos y Hombres. ¡Adelante los Tres Cazadores!
Aragorn saltó como un ciervo, precipitándose entre los árboles. Corría siempre delante,
guiándolos, infatigable y rápido ahora que ya estaba decidido. Dejaron atrás los bosques
junto al lago. Subieron por unas largas pendientes oscuras, que se recortaban contra el

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