los relinchos de unos caballos. Luego el silencio reinó otra vez, interrumpido sólo por el
susurro frío del viento.
-Bueno, se han ido -dijo Aragorn al fin-. No podemos encontrarlos o darles caza; de
modo que si no vuelven ellos solos, tendremos que seguir como podamos. Partimos a pie y
continuaremos a pie.
-Pobres pies -dijo Gimli-. Pero no podemos comernos los pies y caminar al mismo tiempo.
Echó un poco de leña al fuego y se dejó caer a un lado.
-Hace aún pocas horas no querías montar un caballo de Rohan -dijo Legolas riendo-.
Todavía llegarás a ser un verdadero jinete.
-No parece muy probable que yo tenga esa oportunidad -dijo Gimli y un momento
después añadió-: Si queréis saber lo que pienso, creo que el viejo era Saruman. ¿Quién si
no? Recordad las palabras de Eomer: Anda de un lado a otro como un viejo encapuchado y
envuelto en una capa. Así nos dijo. Se llevó los caballos, o los espantó y aquí estamos
ahora. Las dificultades no terminaron aún, no olvidéis mis palabras.
-No las olvidaré -dijo Aragorn-, pero no olvido tampoco que el viejo tenía un sombrero
y no una capucha. No pienso sin embargo que no tengas razón y que aquí no corramos
peligro, de día o de noche. Pero por el momento nada podemos hacer, excepto descansar,
mientras sea posible. Yo velaré ahora un rato, Gimlí. Tengo más necesidad de pensar que
de dormir.
La noche pasó lentamente. Legolas reemplazó a Aragorn y Gimli reemplazó a Legolas
y las guardias concluyeron. Pero no ocurrió nada. El anciano no volvió a aparecer y los
caballos no regresaron.
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