alto cuerno de la torre. Los orcos ya habían pasado por allí con el botín, y Gorbag y
Shagrat se acercaban ahora a la puerta.
Sam oyó un estallido de cantos salvajes, un estruendo de trompetas y el tañido de los
gongos: una algarabía horripilante. Gorbag y Shagrat estaban en el umbral.
Sam lanzó un grito y blandió a Dardo, pero la vocecita se ahogó en el tumulto. Nadie la
había escuchado.
La gran puerta se cerró con estrépito. Bum. Del otro lado golpearon sordamente las
grandes trancas de hierro. Bam. La puerta estaba cerrada. Sam se arrojó contra las
pesadas hojas de bronce, y cayó sin sentido al suelo. Estaba afuera y en la oscuridad. Y
Frodo vivía, pero prisionero del enemigo.
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