-Más no podemos hacer -dijo Gimli tristemente-. Hemos tropezado con muchos
enigmas desde que llegamos a Tol Brandir, pero este es el más difícil de descifrar.
Apostaría a que los huesos quemados de los hobbits están mezclados con los de los orcos.
Malas noticias para Frodo, si llega a enterarse un día, y malas también para el vicio hobbit
que espera en Rivendel. Elrond se oponía a que vinieran.
-Gandalf no -dijo Legolas.
-Pero Gandalf eligió v enir él mismo y fue el primero que se perdió -respondió Gimli-.
No alcanzó a ver bastante lejos.
-El consejo de Gandalf no se fundaba en la posible seguridad de él mismo o de los otros
-intervino Aragorn-. De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que
rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío. Pero no dejaré todavía este lugar. En todo
caso hemos de esperar aquí la luz de la mañana.


Acamparon poco más allá del campo de batalla bajo un árbol frondoso: parecía un castaño
y sin embargo tenía aún las hojas anchas y ocres del año anterior, como manos secas que
mostraban los largos dedos; murmuraban tristemente en el viento de la noche.
Gimli tuvo un escalofrío. Habían traído sólo una manta para cada uno.
-Encendamos un fuego -dijo-. El peligro ya no me importa. Que los oreos vengan
apretados como falenas de verano alrededor de una vela.
-Si esos desgraciados hobbits se han perdido en el bosque quizás este fuego los atraiga.
-Y quizás atraiga también a otras cosas que no serían ni orcos ni hobbits -dijo Aragorn-.
Estamos cerca de las montañas del traidor Saruman y también en los lindes mismos de
Fangorn y dicen que es peligroso tocar los árboles de ese bosque.
-Pero los Rohirrim hicieron una gran hoguera aquí ayer mismo -dijo Gimli- y
derribaron árboles para el fuego, como puede verse. Y sin embargo pasaron aquí la noche
sin que nada los molestara, una vez concluido el trabajo.
-Eran muchos -dijo Aragorn- y no prestan atención a la cólera de Fangorn, pues vienen
por aquí raras veces y no se internan entre los árboles. Pero es posible que nuestros
caminos nos lleven al corazón del bosque. De modo que cuidado. No cortéis ninguna
madera viva.
-No es necesario -dijo Gimli-. Los jinetes h dejado muchas ramas cortadas y hay
an
madera muerta de sobra. -Fue a juntar leña y luego se ocupó en preparar y encender un
fuego, pero Aragorn se quedó sentado y en silencio, ensimismado, la espalda apoyada
contra el tronco corpulento. Mientras, Legolas, de pie en el claro, miraba hacia las sombras
profundas del bosque, inclinado hacia adelante, como escuchando unas voces que llamaban
desde lejos.
Cuando el enano hubo obtenido una pequeña llamarada brillante, los tres compañeros se
sentaron alrededor, ocultando la luz con las formas encapuchadas. Legolas alzó los ojos
hacia las ramas del árbol que se extendían sobre ellos.
-¡Mirad! -dijo-. El árbol está contento con el fuego.
Quizá las sombras danzantes les engañaban los ojos, pero cada uno de los compañeros tuvo
la impresión de que las ramas se inclinaban a un lado y a otro poniéndose encima del fuego,
mientras que las ramas superiores se doblaban hacia abajo; las hojas pardas estaban tiesas
ahora y se frotaban unas contra otras como manos frías y envejecidas que buscaban el
consuelo de las llamas.

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