de mirada certera y buena puntería, y si un Hobbit recogía una piedra, lo mejor era
ponerse a resguardo inmediatamente, corno bien lo sabían todas las bestias
merodeadoras.


Los Hobbits habían vivido en un principio en cuevas subterráneas, o así lo creían
y en esas moradas se sentían a gusto. Mas con el transcurso del tiempo se vieron
obligados a adoptar otras viviendas. Lo cierto es que en tiempos de Bilbo sólo los
Hobbits más ricos y los más pobres mantenían en la Comarca esa vieja costumbre. Los
más pobres continuaron viviendo en las madrigueras primitivas, en realidad simples
agujeros, con una sola ventana o bien ninguna, mientras que los ricos edificaban
versiones más lujosas de las simples excavaciones antiguas. Pero los terrenos
adecuados para estos grandes túneles ramificados (smials, como ellos los llamaban) no
se encontraban en cualquier parte; y en las llanuras o en los distritos bajos, los Hobbits,
a medida que se multiplicaban, comenzaron a edificar sobre el nivel del suelo. En
efecto, hasta en las regiones montañosas y en las villas más antiguas, tales como
Hobbiton o Alforzada, o en la vecindad principal de la Comarca, Cavada Grande, en
Quebradas Blancas, había ahora muchas casas de madera, ladrillo o piedra. Por lo
general eran las preferidas por molineros, herreros, cordeleros, carreteros y otros de su
clase; porque aun cuando vivieran en cavernas, los Hobbits conservaban la vieja
costumbre de construir cobertizos y talleres.
El hábito de edificar casas de campo y graneros dicen que comenzó entre los
habitantes de Marjala, a orillas del Brandivino. Los Hobbits de esa región, llamada
Cuaderna del Este, eran más bien grandes y de piernas fuertes y usaban botas de enano
en los días de barro. Pero no se ignoraba que tenían gran proporción de sangre Fuerte,
lo que se notaba en el vello que les crecía en las barbillas. Ni los Pelosos ni los Albos
tenían rastro alguno de barba. Los habitantes de Marjala y Los Gamos, al este del río,
donde ellos se instalaron más tarde, habían llegado a la Comarca en época reciente, en
su mayoría desde el lejano sur. Conservaban todavía nombres peculiares y palabras
extrañas que no se encontraban en ningún otro lugar de la Comarca.
Es posible que el arte de la edificación, como otros muchos oficios, proviniera de
los Dúnedain. Pero los Hobbits pudieron haberlo aprendido de los Elfos, los maestros
de los Hombres en su juventud. Los Elfos de Alto Linaje aún no habían abandonado la
Tierra Media, y moraban entonces en los Puertos Grises del Oeste, y en otros lugares al
alcance de la Comarca. Tres torres de los Elfos, de edad inmemorial, podían verse aún
más allá de las fronteras occidentales. Brillaban en la lejanía a la luz sobre una colina
verde. Los Hobbits de la Cuaderna del Oeste decían que podía verse el mar desde allá
arriba, pero no se tiene noticia de que alguno de ellos escalara la torre. En realidad,
muy pocos Hobbits habían navegado, o siquiera visto el mar, y menos aún habían
regresado para contarlo. La mayoría de los Hobbits miraban con profundo recelo aún
los ríos y los pequeños botes, y muy pocos podían nadar. A medida que el tiempo
corría, hablaban menos y menos con los Elfos y llegaron a tenerles miedo y a desconfiar
de quienes los trataban. El mar se transformó en una palabra pavorosa, y un signo de
muerte, y los Hobbits volvieron la espalda a las colinas del oeste.
El arte de la edificación bien pudo provenir de los Elfos o de los Hombres, pero los
Hobbits lo practicaban a su manera. No construían torres. Las casas eran generalmente
imitaciones de smials, techadas con pasto seco, paja o turba y de paredes algo
combadas. Este tipo de construcción venía sin embargo de los primeros días de la
Comarca, y cambió y mejoró mucho desde entonces, incorporando procedimientos
aprendidos de los Enanos o descubiertos por ellos mismos. La principal peculiaridad

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