Así comenzó la Cronología de la Comarca, pues el año del cruce del Brandivino -
como los Hobbits rebautizaron al Baranduin- se transformó en el Año Uno de la
Comarca y todas las fechas posteriores se calcularon a partir de entonces.1 Los Hobbits
occidentales se enamoraron en seguida de la nueva tierra, se quedaron allí y muy pronto
desaparecieron de la historia de los Hombres y de los Elfos. Aunque aún había allí un
rey del que eran súbditos formales, en realidad estaban gobernados por jefes propios y
nunca intervenían en los hechos del mundo exterior. En la última batalla de Fornost con
el Señor Mago de Angmar, enviaron algunos arqueros en ayuda del rey, o por lo menos
así lo afirmaron, si bien esto no aparece en ningún relato de los Hombres. En esa guerra
el Reino del Norte llegó a su fin y entonces los Hobbits se apropiaron de la tierra y
eligieron de entre todos los jefes a un Thain, que asumió la autoridad del rey
desaparecido. Desde entonces, por unos mil años, vivieron en una paz ininterrumpida.
La tierra era rica y generosa y aunque había estado desierta durante mucho tiempo, en
otras épocas había sido bien cultivada y allí el rey tuvo granjas, maizales, viñedos y
bosques.
Desde las Fronteras del Oeste, al pie de las Colinas de la Torre, hasta el Puente del
Brandivino había unas cuarenta leguas y casi cincuenta desde los páramos del norte
hasta los pantanos del sur. Los Hobbits denominaron a estas tierras la Comarca. La
región estaba bajo la autoridad del Thain y era un distrito de trabajos bien organizados;
y allí, en ese placentero rincón del mundo, llevaron una vida ordenada y dieron cada vez
menos importancia al mundo exterior, donde se movían unas cosas oscuras, hasta llegar
a pensar que la paz y la abundancia eran la norma en la Tierra Media y el derecho de
todo pueblo sensato. Olvidaron o ignoraron lo poco que habían sabido de los
Guardianes y de los trabajos de quienes hicieron posible la larga paz de la Comarca. De
hecho estaban protegidos, pero no lo recordaban.
En ningún momento los Hobbits fueron amantes de la guerra y jamás lucharon entre
sí. Si bien en tiempos remotos se vieron obligados a luchar, para subsistir en un mundo
difícil, en la época de Bilbo aquello era historia antigua. La última batalla antes del
comienzo de este relato y por cierto la única que se libró dentro de los límites de l a
Comarca, ocurrió en una época inmemorial: fue la batalla de los Campos Verdes, en el
año 1147 (CC) en la que Bandobras Tuk desbarató una invasión de Orcos. Hasta el
mismo clima se hizo más apacible; y los lobos, que en otros tiempos habían llegado
desde el norte devorándolo todo durante los rudos inviernos blancos, eran ahora cuentos
de viejas. Aunque había algún pequeño arsenal en la Comarca, las armas se usaban
generalmente como trofeos: se las colgaba sobre las chimeneas o en las paredes, o se las
coleccionaba en el museo de Cavada Grande, conocido corno el Hogar de los Mathoms;
los Hobbits llamaban mathom a todo aquello que no tenía uso inmediato y que tampoco
se decidían a desechar. En las moradas de los Hobbits había a menudo grandes
cantidades de mathoms y muchos de los regalos que pasaban de mano en mano eran de
esa índole.
No obstante, el ocio y la paz no habían alterado el raro vigor de esta gente. Llegado
el momento, era difícil intimidarlos o matarlos; y esa afición incansable que mostraban
por las cosas buenas tenía quizás una razón: podían renunciar del todo a ellas cuando
era necesario y lograban sobrevivir así a los rigores de la adversidad, de los enemigos o
del clima, asombrando a aquellos que no los conocían y que no veían más allá de
aquellas barrigas y aquellas caras regordetas. Aunque se resistían a pelear y no mataban
por deporte a ninguna criatura viviente, eran valientes cuando se los acosaba y hasta
podían manejar las armas si se presentaba el caso. Tiraban bien con el arco, pues eran
2
En el calendario de los Elfos y los Dúnedain los años de la Tercera Edad pueden determinarse sumando 16OO años a la cronología
de la Comarca
|
|