«No tengamos secretos entre nosotros, Frodo», me dijo Bilbo. «Pero no la repitas. De
cualquier modo, el Anillo me pertenece.»
-Interesante -dijo Gandalf-. ¿Qué pensaste?
-Si te refieres al invento ese del «regalo», bueno, te diré que la historia verdadera me
parece mucho más probable y no pude entender por qué la alteró. Nada propio de
Bilbo, al menos; el asunto me pareció raro.
-Lo mismo a mí, pero a la gente que tiene estos tesoros, y los utiliza, pueden
ocurrirles cosas realmente raras. Permíteme aconsejarte que seas muy cuidadoso con el
Anillo; puede tener quizás otros poderes además de hacerte desaparecer a voluntad.
-No entiendo -dijo Frodo.
-Yo tampoco -respondió el mago-. Sólo que anoche me puse a pensar en el Anillo.
No tienes por qué preocuparse, pero sigue mi consejo y úsalo poco a nada. Al menos te
ruego que no lo uses en casos que puedan provocar comentarios o sospechas. Te repito:
guárdalo en secreto y en un sitio seguro.
-¡Cuánto misterio! ¿Qué temes?
-No lo sé muy bien, y por lo tanto no diré más. Hablaré quizá cuando vuelva. Me
voy inmediatamente; así que me despido por ahora. -Se puso de pie.
-¡Así de pronto! - exclamó Frodo -. ¿Por qué? Creí que te quedarías por lo menos
una semana. Gandalf, esperaba tu ayuda.
-Así lo deseaba, pero tuve que cambiar de idea. Quizá me aleje por mucho tiempo;
volveré a verte tan pronto como me sea posible. ¡Cuenta conmigo! Vendré sin hacer
ruido y no a menudo. Creo que me he vuelto bastante impopular en la Comarca. Dicen
que soy un estorbo, un perturbador de la paz. Por si te interesa, te aviso que algunos
hablan de una confabulación entre tú y yo para quedarnos con las riquezas de Bilbo.
-¡Algunos! -exclamó Frodo-. Quieres decir Otho y Lobelia. ¡Qué abominables! Les
daría Bolsón Cerrado y todo lo demás si pudiera tener otra vez a Bilbo y salir con él a
corretear por los campos. Amo la Comarca, pero comienzo a lamentar no haber partido
con Bilbo. Me pregunto si lo veré otra vez.
-Lo mismo digo -respondió Gandalf-, y me pregunto muchas otras cosas. ¡Adiós,
ahora! ¡Cuídate! Búscame sobre todo en los momentos difíciles. ¡Adiós!
Frodo lo acompañó hasta la puerta. Gandalf lo despidió agitando la mano y desapareció
a paso sorprendentemente rápido, aunque Frodo pensó que el viejo mago estaba más
agobiado que de costumbre, como si llevase un gran peso sobre los hombros. La tarde
moría y la figura embozada se perdió en el crepúsculo. Frodo no volvería a verlo por
largo tiempo.

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