al pelo de las cabezas, de color castaño casi siempre. Por esta razón el único oficio que
practicaban poco era el de zapatero, pero tenían dedos largos y habilidosos que les
permitían fabricar muchos otros objetos útiles y agradables. En general los rostros eran
bonachones más que hermosos, anc hos, de ojos vivos, mejillas rojizas y bocas
dispuestas a la risa, a la comida y a la bebida. Reían, comían y bebían a menudo y de
buena gana; les gustaban las bromas sencillas en todo momento y comer seis veces al
día (cuando podían). Eran hospitalarios, aficionados a las fiestas, hacían regalos
espontáneamente y los aceptaban con entusiasmo.
Es en verdad evidente que a pesar de un alejamiento posterior los Hobbits son
parientes nuestros: están más cerca de nosotros que los Elfos y aun que los mismos
Enanos. Antiguamente hablaban las lenguas de los Hombres, adaptadas a su propia
modalidad, y tenían casi las mismas preferencias y aversiones que los Hombres. Mas
ahora es imposible descubrir en qué consiste nuestra relación con ellos. El origen de los
Hobbits viene de muy atrás, de los Días Antiguos, ya perdidos y olvidados. Sólo los
Elfos conservan algún registro de esa época desaparecida y sus tradiciones se refieren
casi únicamente a la historia élfica, historia donde los Hombres aparecen muy de
cuando en cuando; a los Hobbits ni siquiera se los menciona. Sin embargo es obvio que
los Hobbits vivían en paz en la Tierra Media muchos años antes que cualquier otro
pueblo advirtiese siquiera que existían. Y como el mundo se pobló luego de extravías e
incontables criaturas, esta Gente Pequeña pareció insignificante. Pero en los días de
Bilbo y de Frodo, heredero de Bilbo, se transformaron de pronto a pesar de ellos
mismos en importantes y famosos, y perturbaron los Concilios de los Grandes y de los
Sabios.


Aquellos días - la Tercera Edad de la Tierra Media- han quedado muy atrás, y la
conformación de las tierras en general ha cambiado mucho; pero las regiones en que
vivían entonces los Hobbits eran sin duda las mismas de ahora: el Noroeste del Viejo
Mundo, al este del Mar. Los Hobbits del tiempo de Bilbo no sabían de dónde venían.
El deseo de conocimiento (fuera de las ciencias genealógicas) no era común entre ellos,
pero había aún descendientes de antiguas familias que estudiaban sus propios libros y
hasta recogían de los Elfos, los Enanos y los Hombres noticias de épocas pasadas y de
tierras distantes. Los recuerdos propios comienzan luego de que se establecieran en la
Comarca y las leyendas más antiguas apenas si se remontan poco más allá de los Días
del Exodo.
Está perfectamente claro, no obstante, a través de estas leyendas y lo que puede
descubrirse en el lenguaje y las costumbres de los Hobbits, que en un pasado muy
lejano ellos también se desplazaron hacia el oeste, como muchos otros pueblos. En las
historias primitivas hay referencias oscuras a los tiempos en que moraban en los altos
valles del Anduin, entre los lindes -del Gran Bosque Verde y las Montañas Nubladas.
No se sabe con certeza por qué emprendieron más tarde el arduo y peligroso cruce de
las Montañas y entraron en Eriador. Los relatos hobbits hablan de la multiplicación de
los Hombres en la tierra y de una sombra que cayó sobre la floresta y la oscureció, por
lo que fue llamada desde entonces el Bosque Negro.
Antes de cruzar las Montañas, los Hobbits ya se habían dividido en tres ramas un
tanto diferentes - los Pelosos, los Fuertes y los Albos. Los Pelosos eran de piel más
oscura, cuerpo menudo, cara lampiña, y no llevaban botas; de manos y pies bien
proporcionados y ágiles preferían las tierras altas y las laderas de las colinas. Los
Fuertes eran más anchos, de constitución más sólida; tenían pies y manos más grandes;

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