-Es una vergüenza despertarlo -dijo Sam en voz baja-, pero usted me lo pidió. No
hay nada nuevo, o no mucho. Creí oír unos chapoteos y la respiración de alguien, hace
un momento; pero de noche y en un río se oyen muchos sonidos raros.
Sam se acostó y Frodo se sentó envuelto en las mantas, luchando contra el sueño.
Los minutos o las horas pasaron lentamente y nada ocurrió. Frodo estaba ya cediendo a
la tentación de acostarse de nuevo cuando una forma oscura, apenas visible, flotó muy
cerca de una de las barcas. Una mano larga y blanquecina asomó pálidamente y se
aferró a la borda; dos ojos claros brillaron fríamente como linternas mientras miraban
dentro del bote y luego se alzaron posándose en Frodo. No se encontraban a más de
unos dos metros de distancia y Frodo alcanzó a oír que la criatura tomaba aliento,
siseando. Se incorporó, sacando a Dardo de la vaina y se enfrentó a los ojos. La luz se
extinguió en seguida. Se oyó otro siseo y un chapoteo y la oscura forma de leño se
precipitó aguas abajo en la noche. Aragorn se movió en sueños, dio media vuelta y se
sentó.
-¿Qué pasa? -murmuró, incorporándose de un salto y acercándose a Frodo-. Sentí
algo en sueños. ¿Por qué sacaste la espada?
-Gollum -respondió Frodo-, o al menos así me pareció.
-¡Ah! -dijo Arago rn-. ¿Así que conoces a nuestro pequeño salteador de caminos?
Vino detrás de nosotros mientras cruzábamos Moria y bajó hasta Nimrodel. Desde que
tomamos los botes nos sigue tendido de bruces sobre un leño y remando con pies y
manos. Traté de atraparlo una o dos veces de noche, pero es más astuto que un zorro y
resbaladizo como un pez. Yo esperaba que el viaje por el río acabaría con él, pero es
una criatura acostumbrada al agua y demasiado hábil.
»Trataremos de ir más rápido mañana. Acuéstate ahora y yo montaré guardia el
resto de la noche. Ojalá pudiera echarle las manos encima a ese desgraciado. Quizá
lográramos que nos fuera útil. Pero si no lo atrapo, sería mejor perderlo de vista. Es
muy peligroso. Además de intentar atacamos de noche por su propia cuenta, podría
guiar hacia nosotros a cualquier enemigo.
Pasó la noche sin que Gollum mostrara ni siquiera una sombra. Desde entonces la
Compañía estuvo alerta y vigilante, pero en el resto del viaje no vieron más a Gollum.
Si todavía los seguía, era muy cuidadoso y sagaz. Aragorn había aconsejado que
remaran durante largos períodos y las orillas desfilaban rápidamente. Pero veían poco
de la región, pues viajaban sobre todo de noche y a la luz del crepúsculo, descansando
de día, tan ocultos como lo permitía el terreno. El tiempo pasa sin ningún incidente
hasta el séptimo día.
El cielo estaba todavía gris y nublado y un viento soplaba del este, pero a medida
que la tarde se mudaba en noche, unos claros de luz débil, amarilla y verde, se abrieron
bajo los bancos de nubes grises. La forma blanca de la luna nueva se reflejaba en los
lagos lejanos. Sam la miró, frunciendo el ceño.
Al día siguiente el paisaje empezó a cambiar con rapidez a ambos lados. Las orillas
se levantaron y se hicieron pedregosas. Pronto se encontraron cruzando un terreno
accidentado y rocoso y las costas eran unas pendientes abruptas cubiertas de matas
espinosas y endrinos, confundidos con zarzas y plantas trepadoras. Detrás había unos
acantilados bajos y desmoronados a medias y chimeneas de una carcomida piedra gris,
cubiertas por una hiedra oscura, y aún más allá se alzaban unas cimas coronadas de
abetos retorcidos por el viento. Estaban acercándose al país de las colinas grises de
Emyn Muil, la frontera sur de las Tierras Asperas.
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