Daniel Goleman Inteligencia Emocional

EL FRACASO MATRIMONIAL

Fred:¿Has recogido mi ropa limpia?
Ingrid:(En tono burlesco) «Has recogido mi ropa limpia». Recógela tú. ¿Crees que soy tu criada'?
Fred:Eso difícilmente podría ser. Si fueras mi criada, al menos sabrías limpiar la ropa.
Si este diálogo caústico e hiriente hubiera sido extraído de una obra de teatro podría resultar hasta
cómico, pero el hecho es que tuvo lugar entre un matrimonio que --y esto no resulta sorprendente-- acabó
divorciándose a los pocos años. El intercambio tuvo lugar en un laboratorio dirigido por John Gottman,
psicólogo de la Universidad de Washington, quien posiblemente haya llevado a cabo el análisis más exhaustivo
sobre el aglutinante emocional que mantiene unida a la pareja y sobre los sentimientos corrosivos que
contribuyen a destruirla. En el curso de esta investigación se grababan en video las conversaciones que
mantenían las parejas y posteriormente eran microanalizadas para tratar de descubrir los más mínimos
indicios de las corrientes emocionales subyacentes. Este proceso de cartografiado de las discrepancias que
terminan abocando al divorcio constituye un argumento sumamente convincente en favor del papel decisivo que
desempeña la inteligencia emocional en la supervivencia de la pareja.
En las dos últimas décadas. Gottman ha rastreado los altibajos de más de doscientas parejas, algunas
de ellas recién casadas y otras que llevaban unidas mucho tiempo. La precisión del análisis realizado por
Gottman sobre el ecosistema matrimonial ha sido tal que, en uno de sus estudios, le permitió predecir con una
exactitud del 94% (¡una precisión ciertamente inaudita en este tipo de estudios!) qué parejas, de entre todas
las que pasaron por su laboratorio, terminarían separándose en los próximos tres años (como ocurrió en el
caso de Ingrid y Fred, cuya cáustica discusión poníamos como ejemplo al comienzo de esta sección). La
precisión del análisis de Gottman se deriva de su escrupulosa metodología y de la minuciosidad con que
recoge sus datos.
Mientras los miembros de la pareja, por ejemplo, conversan entre si, unos sensores se encargan de
registrar los más mínimos cambios fisiológicos; asimismo, Gottman realiza también un análisis secuencial de
todas las expresiones faciales (utilizando un sistema de lectura de las emociones desarrollado por Paul
Ekman) que le permite detectar los matices más sutiles y fugaces de los sentimientos. Después de finalizar la
sesión, cada participante se dirige a un laboratorio separado para mirar la cinta de video y hablar de los
sentimientos que experimentó durante los momentos más álgidos de la conversación. El resultado de este tipo
de estudios constituye el equivalente a una radiografía emocional del matrimonio.
Según Gottman, las críticas destructivas son una incipiente señal de alarma que indica que el
matrimonio se halla en peligro. En un matrimonio emocional mente sano, tanto la esposa como el marido se
sienten lo suficientemente libres como para formular abiertamente sus quejas. Pero suele ocurrir que, en
medio del fragor del enfado, las quejas se formulen de un modo destructivo, bajo la foma de un ataque en toda
regla contra el carácter del cónyuge. Pamela y Tom, por ejemplo, quedaron a una hora concreta frente a la
estafeta de correos para ir al cine y, seguidamente, Pamela se dirigió con su hija a una zapatería mientras su
marido iba a echar un vistazo a la librería. Pero a la hora convenida Tom todavía no había aparecido. «¿Dónde
se habrá metido? La película empieza dentro de diez minutos --se quejó Pamela a su hija--. Si alguien sabe
cómo estropear algo, ése es tu padre.» y cuando Tom apareció diez minutos después, contento por haberse
encontrado con un viejo amigo y excusándose por el retraso, Pamela le espetó sarcásticamente: «muy bien;
ya tendremos ocasión de discutir tu sorprendente habilidad para echar al traste todos los planes. Eres un
egoísta y un desconsiderado».
Pero este tipo de quejas es algo más que una simple protesta, es un verdadero atentado contra la
personalidad del otro, una crítica dirigida al individuo y no a sus actos. Ante el intento de disculpa de Tom,
Pamela le estigmatizó con los calificativos de «egoísta y desconsiderado». No es infrecuente que las parejas
atraviesen por momentos similares, momentos en los que una queja sobre algo que el otro ha hecho se
convierte en un ataque en toda regla contra la persona y no contra el hecho en cuestión.
Estas feroces críticas personales tienen un impacto emocional mucho más corrosivo que una queja
razonada y tienden a producirse --quizá comprensiblemente-- con mayor frecuencia cuando la esposa o el
marido siente que sus quejas no son escuchadas ni tenidas en consideración.
La diferencia existente entre una queja y una crítica personal es evidente. En la queja, uno señala
específicamente aquello que le molesta del otro miembro de la pareja y critica sus acciones --no su
persona-- expresándole cómo se siente. Por ejemplo, la frase «cuando olvidaste meter mi ropa en la lavadora
sentí que te preocupabas muy poco de mi» no es beligerante ni pasiva sino una expresión asertiva que ilustra
un grado de inteligencia emocional. Lo que ocurre en el caso de la crítica personal, en cambio, es que un
miembro de la pareja se sirve de una demanda concreta para arremeter contra el otro («Siempre eres igual de

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