Daniel Goleman Inteligencia Emocional
interpretan para reconocer lo que es cada objeto y lo que significa su presencia. Desde el neocórtex --
sostiene la vieja teoría-- las señales se envían al sistema límbico y, desde ahí, las vías eferentes irradian las
respuestas apropiadas al resto del cuerpo. Ésta es la forma en la que funciona la mayor parte del tiempo, pero
LeDoux descubrió, junto a la larga vía neuronal que va al córtex, la existencia de una pequeña estructura
neuronal que comunica directamente el tálamo con la amígdala. Esta vía secundaria y más corta --una
especie de atajo-- permite que la amígdala reciba algunas señales directamente de los sentidos y emita una
respuesta antes de que sean registradas por el neocórtex.
Este descubrimiento ha dejado obsoleta la antigua noción de que la amígdala depende de las señales
procedentes del neocórtex para formular su respuesta emocional a causa de la existencia de esta vía de
emergencia capaz de desencadenar una respuesta emocional gracias un circuito reverberante paralelo que
conecta la amígdala con el neocórtex. Por ello la amígdala puede llevarnos a actuar antes incluso de que el
más lento --aunque ciertamente más informado-- neocórtex despliegue sus también más refinados planes de
acción.
El hallazgo de LeDoux ha transformado la noción prevalente sobre los caminos seguidos por las
emociones a través de su investigación del miedo en los animales. En un experimento concluyente, LeDoux
destruyó el córtex auditivo de las ratas y luego las expuso a un sonido que iba acompañado de una descarga
eléctrica. Las ratas no tardaron en aprender a temer el sonido. aun cuando su neocórtex no llegara a
registrarlo. En este caso, el sonido seguía la ruta directa del oído al tálamo y, desde allí, a la amígdala,
saltándose todos los circuitos principales. Las ratas, en suma, habían aprendido una reacción emocional sin la
menor implicación de las estructuras corticales superiores. En tal caso, la amígdala percibía, recordaba y
orquestaba el miedo de una manera completamente independiente de toda participación cortical. Según me
dijo LeDoux: «anatómicamente hablando, el sistema emocional puede actuar independientemente del
neocórtex. Existen ciertas reacciones y recuerdos emocionales que tienen lugar sin la menor participación
cognitiva consciente».
La amígdala puede albergar y activar repertorios de recuerdos y de respuestas que llevamos a cabo sin
que nos demos cuenta del motivo por el que lo hacemos, porque el atajo que va del tálamo a la amígdala deja
completamente de lado al neocórtex. Este atajo permite que la amígdala sea una especie de almacén de las
impresiones y los recuerdos emocionales de los que nunca hemos sido plena. Una señal visual va de la retina
al tálamo, en donde se traduce al lenguaje del cerebro. La mayor parte de este mensaje va después al cortex
visual, en donde se analiza y evalúa en busca de su significado para emitir la respuesta apropiada. Si esta
respuesta es emocional, una señal se dirige a la amígdala para activar los centros emocionales, pero una
pequeña porción de la señal original va directamente desde el tálamo a la amígdala por una vía más corta,
permitiendo una respuesta más rápida (aunque ciertamente también más imprecisa).
De este modo la amígdala puede desencadenar una respuesta antes de que los centros corticales
hayan comprendido completamente lo que está ocurriendo.
RESPUESTA DE LUCHA O HUIDA
Aumento de la frecuencia cardiac a y de la tensión arterial. La musculatura larga se prepara para
responder rápidamente.
Comentario: Falta texto
mente conscientes. ¡Y LeDoux afirma que es precisamente el papel subterráneo desempeñado por la
amígdala en la memoria el que explica, por ejemplo, un sorprendente experimento en el que las personas
adquirieron una preferencia por figuras geométricas extrañas cuyas imágenes habían visto previamente a tal
velocidad que ni siquiera les había permitido ser conscientes de ellas!. Otra investigación ha demostrado que,
durante los primeros milisegundos de cualquier percepción, no sólo sabemos incons cientemente de qué se
trata sino que también decidimos si nos gusta o nos desagrada. De este modo, nuestro «inconsciente
cognitivo» no sólo presenta a nuestra conciencia la identidad de lo que vemos sino que también le ofrece
nuestra propia opinión al respecto. Nuestras emociones tienen una mente propia, una mente cuyas
conclusiones pueden ser completamente distintas a las sostenidas por nuestra mente racional.
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