Daniel Goleman Inteligencia Emocional
TEMAS DEL DIA
Las respuestas que suelen dar los alumnos a la singular forma de pasar lista con la que se inicia cada
clase de Self Science no es siempre tan elevada como lo era hoy. Cuando alguien responde con un uno, un
dos o un tres, se abre la posibilidad de que otro pregunte: «¿quieres comentamos cómo te encuentras?» Y, en
el caso de que el alumno quiera (porque nadie está obligado a hablar de lo que no desea), dispone también de
la posibilidad de expresar lo que le inquieta y de buscar posibles soluciones creativas.
Los problemas varían en función del nivel de los alumnos. En los cursos inferiores, los problemas suelen
girar en torno al miedo, al rechazo o a ser objeto de las burlas de los demás. Alrededor del sexto curso
aparece un nuevo conjunto de preocupaciones: sentirse dolido porque nadie quiere aceptar una cita, sentirse
rechazado, amigos que son menos maduros y, en suma, todos los dolorosos problemas que agobian a los
niños («los mayores se meten conmigo», «mis amigos fuman y quieren que yo también lo haga», etcétera).
Estos son los problemas realmente importantes de la vida de un niño, problemas que suelen
manifestarse en los aledaños de la vida escolar (en el comedor, en el autobús o en casa de un amigo). Y, en la
mayor parte de los casos, estas preocupaciones resultan obsesivas cuando los niños se encuentran solos y
no tienen a nadie con quien compartirlas. Éstos son los auténticos temas de las clases de Self Science.
De hecho, cada una de estas discusiones constituye una ocasión, que puede ser provechosa para los
objetivos de Self Science, que consiste explícitamente en clarificar la sensación de identidad del niño y
mejorar las relaciones que mantiene con los demás. Aunque el curso está organizado en lecciones, es lo
bastante flexible para capitalizar a su favor los conflictos diarios que aparezcan, como el que enfrentó a Tucker
y Rahman. Así, los temas que los estudiantes ponen sobre el tapete proporcionan ejemplos vivos sobre los
cuales alumnos y maestro pueden aplicar las habilidades que están aprendiendo (como el método de
resolución de conflictos que permitió enfriar la caldeada situación existente entre los dos muchachos).
EL ABC DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
En funcionamiento desde hace unos veinte años, el currículum de Self Science --cuyas lecciones son a
veces sorprendentemente sutiles-- es un modelo para la enseñanza de la inteligencia emocional. Como me
dijo Karen Stone McCown, su directora: «cuando enseñamos algo sobre el enojo, ayudamos a los niños a
comprender que casi siempre es una reacción secundaria y a buscar lo que subyace en él: "¿estás herido?
¿Celoso?" Es así como nuestros niños aprenden que siempre disponen de diferentes posibilidades para
responder a una emoción y que su vida será más rica cuantas más alternativas de respuesta tengan».
La enumeración de los contenidos de Self Science coincide punto por punto con los temas
fundamentales de la inteligencia emocional y con las habilidades esenciales que constituyen una forma
primaria de prevención para las dificultades que preocupan a los niños (véase, al respecto, el apéndice E). Los
temas impartidos incluyen la toma de conciencia de uno mismo (en el sentido de reconocer los propios
sentimientos, elaborar un vocabulario adecuado y conocer la relación existente entre los pensamientos, los
sentimientos y las reacciones), darse cuenta de si son los pensamientos o los sentimientos los que están
gobernando una determinada decisión, considerar las consecuencias de las distintas altemativas posibles y
aplicar todo este conocimiento a la toma de decisiones sobre temas tales como, por ejemplo la droga, el
tabaco o el sexo. Otra forma de decirlo sería afirmar que la conciencia de uno mismo consiste en reconocer
los puntos fuertes y las debilidades de cada uno y contemplarse bajo una perspectiva positiva pero realista
(evitando así un error muy frecuente en el movimiento de autoestima).
Un tema muy importante consiste en controlar las emociones: comprender lo que se halla detrás de un
determinado sentimiento (por ejemplo, el dolor que desencadena el enojo), aprender formas de manejar la
ansiedad, la ira y la tristeza, asumir la responsabilidad de nuestras decisiones y de nuestras acciones y
proseguir hasta llegar a alguna solución de compromiso.
Una habilidad social clave es la empatia, la comprensión de los sentimientos de los demás, lo cual
implica asumir su punto de vista y respetar las diferencias existentes en el modo en que las personas
experimentan los sentimientos. Las relaciones también constituyen un tema extraordinariamente importante
(un tema que supone aprender a escuchar y a preguntar), diferenciar entre o que alguien dice y hace y
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nuestras propias reacciones y juicios, aprender a ser afirmativo (en lugar de enojado o pasivo) y adiestrarse en
las artes de la cooperación, la resolución de conflictos y la negociación de compromisos.
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