Daniel Goleman Inteligencia Emocional
Olimpiada de Invierno de 1994 en Noruega, la excitación y la euforia que experimentó su esposa fue tal, que
tuvo que ser asistida de urgencia por el equipo médico junto a la misma pista de patinaje.
LA SEDE DE TODAS LAS PASIONES
La amígdala del ser humano es una estructura relativamente grande en comparación con la de
nuestros parientes evolutivos, los primates. Existen, en realidad, dos amígdalas que constituyen un
conglomerado de estructuras interconectadas en forma de almendra (de ahí su nombre, un término que se
deriva del vocablo griego que significa «almendra»), y se hallan encima del tallo encefálico, cerca de la base
del anillo limbico, ligeramente desplazadas hacia delante.
El hipocampo y la amígdala fueron dos piezas clave del primitivo «cerebro olfativo» que, a lo largo del
proceso evolutivo, terminó dando origen al córtex y posteriormente al neocórtex. La amígdala está
especializada en las cuestiones emocionales y en la actualidad se considera como una estructura limbica
muy ligada a los procesos del aprendizaje y la memoria. La interrupción de las conexiones existentes entre la
amígdala y el resto del cerebro provoca una asombrosa ineptitud para calibrar el significado emocional de los
acontecimientos, una condición que a veces se llama «ceguera afectiva».
A falta de toda carga emocional, los encuentros interpersonales pierden todo su sentido. Un joven cuya
amígdala se extirpó quirúrgicamente para evitar que sufriera ataques graves perdió todo interés en las
personas y prefería sentarse a solas, ajeno a todo contacto humano. Seguía siendo perfectamente capaz de
mantener una conversación, pero ya no podía reconocer a sus amigos íntimos, a sus parientes ni siquiera a su
misma madre, y permanecía completamente impasible ante la angustia que les producía su indiferencia. La
ausencia funcional de la amígdala parecía impedirle todo reconocimiento de los sentimientos y todo
sentimiento sobre sus propios sentimientos. La amígdala constituye, pues, una especie de depósito de la
memoria emocional y, en consecuencia, también se la puede considerar como un depósito de significado. Es
por ello por lo que una vida sin amígdala es una vida despojada de todo significado personal.
Pero la amígdala no sólo está ligada a los afectos sino que también está relacionada con las pasiones.
Aquellos animales a los que se les ha seccionado o extirpado quirúrgicamente la amígdala carecen de
sentimientos de miedo y de rabia, renuncian a la necesidad de competir y de cooperar, pierden toda sensación
del lugar que ocupan dentro del orden social y su emoción se halla embotada y ausente. El llanto, un rasgo
emocional típicamente humano, es activado por la amígdala y por una estructura próxima a ella, el gyrus
cingulatus. Cuando uno se siente apoyado, consolado y confortado, esas mismas regiones cerebrales se
ocupan de mitigar los sollozos pero, sin amígdala, ni siquiera es posible el desahogo que proporcionan las
lágrimas.
Joseph LeDoux, un neurocientífico del Center for Neural Science de la Universidad de Nueva York, fue el
primero en des cubrir el Importante papel desempeñado por la amígdala en el cerebro emocional. LeDoux forma
parte de una nueva hornada de neurocientíficos que, utilizando métodos y tecnologías innovadoras, se han
dedicado a cartografiar el funcionamiento del cerebro con un nivel de precisión anteriormente desconocido que
pone al descubierto misterios de la mente inaccesibles para las generaciones anteriores. Sus descubrimientos
sobre los circuitos nerviosos del cerebro emocional han llegado a desarticular las antiguas nociones existentes
sobre el sistema límbico, asignando a la amígdala un papel central y otorgando a otras estructuras límbicas
funciones muy diversas.
La investigación llevada a cabo por LeDoux explica la forma en que la amígdala asume el control cuando
el cerebro pensante, el neocórtex, todavía no ha llegado a tomar ninguna decisión.
Como veremos, el funcionamiento de la amígdala y su interrelación con el neocórtex constituyen el
núcleo mismo de la inteligencia emocional.
EL REPETIDOR NEURONAL
Los momentos más interesantes para comprender el poder de las emociones en nuestra vida mental
son aquéllos en los que nos vemos inmersos en acciones pasionales de las que más tarde, una vez que las
aguas han vuelto a su cauce, nos arrepentimos.
¿Cómo podemos volvemos irracionales con tanta facilidad? Tomemos, por ejemplo, el caso de una joven
que condujo durante un par de horas para ir a Boston y almorzar y pasar el día con su novio. Durante la
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