región de la India, y nada tiene importancia para uno. Usted mismo me ha dicho
que es horrible, pero es así. En cambio, en aquel momento, tuve la sensación
nítida de que acababa de suceder algo. Algo que cambiaría el curso de mi vida.
No podía precisar cuánto tiempo transcurrió, pero recordaba que después de
un lapso que le pareció larguísimo sintió que la muchacha se levantaba y se iba.
Entonces, mientras se alejaba, la observó: era alta, llevaba un libro en la mano
izquierda y caminaba con cierta nerviosa energía. Sin advertirlo, Martín se
levantó y empezó a caminar en la misma dirección. Pero de pronto, al tener
conciencia de lo que estaba sucediendo y al imaginar que ella podía volver la
cabeza y verlo detrás, siguiéndola, se detuvo con miedo. Entonces la vio alejarse
en dirección al alto, por la calle Brasil hacia Balcarce.
Pronto desapareció de su vista.
Volvió lentamente a su banco y se sentó.
--Pero --le dijo-- ya no era la misma persona que antes. Y nunca lo
volvería a ser.
II
Pasaron muchos días de agitación. Porque sabía que volvería a verla, tenía la
seguridad de que ella volvería al mismo lugar.
Durante ese tiempo no hizo otra cosa que pensar en la muchacha
desconocida y cada tarde se sentaba en aquel banco, con la misma mezcla de
temor y de esperanza.
Hasta que un día, pensando que todo había sido un disparate, decidió ir a la
Boca, en lugar de acudir una vez más, ridículamente, al banco del parque
Lezama. Y estaba ya en la calle Almirante Brown cuando empezó a caminar de
vuelta hacia el lugar habitual; primero con lentitud y como vacilando, con
timidez; luego, con creciente apuro, hasta terminar corriendo, como si pudiese
llegar tarde a una cita convenida de antemano.
Sí, allá estaba. Desde lejos la vio caminando hacia él.
Martín se detuvo, mientras sentía cómo golpeaba su corazón.
La muchacha avanzó hacia él y cuando estuvo a su lado le dijo:
--Te estaba esperando.
Martín sintió que sus piernas se aflojaban.
--¿A mí? --preguntó enrojeciendo.
No se atrevía a mirarla, pero pudo advertir que estaba vestida con un
sweater negro de cuello alto y una falda también negra, o tal vez azul muy
oscuro (eso no lo podía precisar, y en realidad no tenía ninguna importancia).
Le pareció que sus ojos eran negros.
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