cloacas.
Madrecloaca.
Cuando de pronto --dijo Martín-- tuve la sensación de que alguien estaba
a mis espaldas, mirándome.
Durante unos instantes permaneció rígido, con esa rigidez expectante y
tensa, cuando, en la oscuridad del dormitorio, se cree oír un sospechoso crujido.
Porque muchas veces había sentido esa sensación sobre la nuca, pero era
simplemente molesta o desagradable; ya que (explicó) siempre se había
considerado feo y risible, y lo molestaba la sola presunción de que alguien
estuviera estudiándolo o por lo menos observándolo a sus espaldas; razón por la
cual se sentaba en los asientos últimos de los tranvías y ómnibus, o entraba al
cine cuando las luces estaban apagadas. En tanto que en aquel momento sintió
algo distinto. Algo --vaciló como buscando la palabra más adecuada--, algo
inquietante, algo similar a ese crujido sospechoso que oímos, o creemos oír, en
la profundidad de la noche.
Hizo un esfuerzo para mantener los ojos sobre la estatua, pero en realidad
no la veía más: sus ojos estaban vueltos hacia dentro, como cuando se piensa en
cosas pasadas y se trata de reconstruir oscuros recuerdos que exigen toda la
concentración de nuestro espíritu.
"Alguien está tratando de comunicarse conmigo", dijo que pensó
agitadamente.
La sensación de sentirse observado agravó, como siempre, sus vergüenzas:
se veía feo, desproporcionado, torpe. Hasta sus diecisiete años se le ocurrían
grotescos.
"Pero si no es así", le diría dos años después la muchacha que en ese
momento estaba a sus espaldas; un tiempo enorme --pensaba Bruno--, porque
no se medía por meses y ni siquiera por años, sino, como es propio de esa clase
de seres, por catástrofes espirituales y por días de absoluta soledad y de
inenarrable tristeza; días que se alargan y se deforman como tenebrosos
fantasmas sobre las paredes del tiempo. "Si no es así de ningún modo", y lo
escrutaba como un pintor observa a su modelo, chupando nerviosamente su
eterno cigarrillo.
"Espera", decía.
"Sos algo más que un buen mozo", decía.
"Sos un muchacho interesante y profundo, aparte de que tenés un tipo muy
raro."
--Sí, por supuesto --admitía Martín, sonriendo con amargura, mientras
pensaba "ya ves que tengo razón"--, porque todo eso se dice cuando uno no es
un buen mozo y todo lo demás no tiene importancia.
"Pero te digo que esperes", contestaba con irritación. "Sos largo y angosto,
como un personaje del Greco."
Martín gruñó.
7
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