XII



Bajaron y bordearon la casa por el corredor lateral hasta llegar a una
puerta trasera, debajo de un emparrado. Alejandra palpó con su mano y
encendió una luz. Martín vio una vieja cocina, pero con cosas amontonadas,
como en una mudanza. Luego esa sensación fue aumentando al atravesar un
pasillo. Pensó que en los sucesivos retaceos del caserón, no se habrían decidido
o no habrían sabido desprenderse de objetos y muebles: muebles y sillas
derrengadas, sillones dorados sin asientos, un gran espejo apoyado contra una
pared, un reloj de pie detenido y con una sola aguja, consolas. Al entrar en la
habitación del viejo, recordó una de esas casas de subastas de la calle Maipú.
Una de las viejas salas se había juntado con el dormitorio del viejo, como si las
piezas se hubiesen barajado. En medio de trastos, a la luz macilenta de un
quinqué, entrevió un viejo dormitando en una silla de ruedas. La silla estaba
colocada frente a una ventana que daba a la calle como para que el abuelo
contemplase el mundo.
--Está durmiendo --murmuró Martín con alivio--. Mejor que lo dejes.
--Ya te dije que nunca se sabe si duerme.
Se colocó delante del viejo e inclinándose sobre él lo sacudió un poco.
--¿Cómo, cómo? --tartamudeó el abuelo, entreabiertos sus ojitos.
Eran unos ojitos verdosos, cruzados por estrías rojas y negras, como si
estuvieran agrietados, hundidos en el fondo de sus cuencas, rodeados por los
pliegues apergaminados de un rostro momificado e inmortal.
--¿Dormía, abuelo? --preguntó Alejandra a su oído, casi a gritos.
--¿Cómo, cómo? No, m'hija, qué iba a dormir. Descansaba, nomás.
--Éste es un amigo mío.
El viejo asintió con la cabeza pero con un movimiento repetido y
decreciente, como un tentempié que es apartado de su posición de equilibrio. Le
extendió una mano huesuda, en la que venas enormes parecían querer salirse de
una piel reseca y transparente como el tímpano de un viejo tambor.
--Abuelo --le gritó--, cuéntale algo del teniente Patrick.
El tentempié se movió nuevamente.
--Ajá --murmuraba--. Patrick, eso es, Patrick.
--No te preocupés, es lo mismo --le dijo Alejandra a Martín--, es lo
mismo. Cualquier cosa. Siempre va a terminar hablando de la Legión, hasta que
se olvide y se duerma.
--Ajá, el teniente Patrick, eso es.


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