--En la misma cama donde yo duermo ahora.
Encendió un cigarrillo y a la luz del encendedor Martín pudo ver que en su
cara quedaban restos de la risa anterior, el cadáver maloliente del jorobado.
Luego, en la oscuridad, veía cómo el cigarrillo de Alejandra se encendía
con las profundas aspiraciones que ella hacía: fumaba, chupaba el cigarrillo con
una avidez ansiosa y concentrada.
--Entonces me escapé de mi casa --dijo.
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