todas las noches y la colocaba sobre el bargueño y se pasaba las horas mirándola
o quizá, dormía con la cabeza allí, como un florero). Estaba momificada y
achicada, claro. Y así ha permanecido.
--¿Cómo?
--Y por supuesto, ¿qué querés que se hiciera con la cabeza? ¿Qué se hace
con una cabeza en semejante situación?
--Bueno, no sé. Toda esta historia es tan absurda, no sé.
--Y sobre todo tené presente lo que es mi familia, quiero decir los Olmos,
no los Acevedo.
--¿Qué es tu familia?
--¿Todavía necesitas preguntarlo? ¿No lo oís al tío Bebe tocando el
clarinete? ¿No ves dónde vivimos? Decíme, ¿sabes de alguien que tenga
apellido en este país y que viva en Barracas, entre conventillos y fábricas?
Comprenderás que con la cabeza no podía pasar nada normal, aparte de que
nada de lo que pase con una cabeza sin el cuerpo correspondiente puede ser
normal.
--¿Y entonces?
--Pues muy simple: la cabeza quedó en casa.
Martín se sobresaltó.
--¿Qué, te impresiona? ¿Qué otra cosa se podía hacer? ¿Hacer un cajoncito
y un entierro chiquito para la cabeza?
Martín se rió nerviosamente, pero Alejandra permanecía seria.
--¿Y dónde la tienen?
--La tiene el abuelo Pancho, abajo, en una caja de sombreros. ¿Querés
verla?
--¡Por amor de Dios! --exclamó Martín.
--¿Qué tiene? Es una hermosa cabeza y te diré que me hace bien verla de
vez en cuando, en medio de tanta basura. Aquellos al menos eran hombres de
verdad y se jugaban la vida por lo que creían. Te doy el dato que casi toda mi
familia ha sido unitaria o lomos negros, pero que ni Fernando ni yo lo somos.
--¿Fernando? ¿Quién es Fernando?
Alejandra se quedó repentinamente callada, como si hubiese dicho algo de
más.
Martín quedó sorprendido. Tuvo la sensación de que Alejandra había dicho
algo involuntario. Se había levantado, había ido hasta la mesita donde tenía el
calentador y había puesto agua a calentar, mientras encendía un cigarrillo.
Luego se asomó a la ventana.
--Vení --dijo, saliendo.
Martín la siguió. La noche era intensa y luminosa. Alejandra caminó por la
terraza hacia la parte de adelante y luego se apoyó en la balaustrada.
--Antes --dijo-- se veía desde aquí la llegada de los barcos al Riachuelo.
--Y ahora, ¿quién vive aquí?
--¿Aquí? Bueno, de la quinta no queda casi nada. Antes era una manzana.

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