y pasaron frente a casa, golpearon en la ventana y cuando abrieron tiraron la
cabeza a la sala. Encarnación se murió de la impresión y Escolástica se volvió
loca. ¡A los pocos días Urquiza entraba en Buenos Aires! tenés que tener en
cuenta que Escolástica se había criado sintiendo hablar de su padre y mirando su
retrato.
De un cajón de la cómoda sacó una miniatura, en colores.
--Cuando era teniente de coraceros, en la campaña del Brasil.
Su brillante uniforme, su juventud, su gracia, contrastaban con la figura
barbuda y destrozada de la vieja litografía.
--La Mazorca estaba enardecida por el pronunciamiento de Urquiza. ¿Sabes
lo que hizo Escolástica? La madre se desmayó, pero ella se apoderó de la cabeza
de su padre y corrió hasta aquí. Aquí se encerró con la cabeza del padre desde
aquel año hasta su muerte, en 1932.
--¡En 1932!
--Sí, en 1932. Vivió ochenta años, aquí, encerrada con su cabeza. Aquí
había que traerle la comida y sacarle los desperdicios. Nunca salió ni quiso salir.
Otra cosa: con esa astucia que tienen los locos, había escondido la cabeza de su
padre, de modo que nadie nunca la pudo sacar. Claro, la habrían podido
encontrar de haberse hecho una búsqueda, pero ella se ponía frenética y no
había forma de engañarla. "Tengo que sacar algo de la cómoda", le decían. Pero
no había nada que hacer. Y nadie nunca pudo sacar nada de la cómoda, ni del
bargueño, ni de la petaca esa. Y hasta que murió, en 1932, todo quedó como
había estado en 1852. ¿Lo crees?
--Parece imposible.
--Es rigurosamente histórico. Yo también pregunté muchas veces, ¿cómo
comía? ¿Cómo limpiaban la pieza? Le llevaban la comida y lograban mantener
un mínimo de limpieza. Escolástica era una loca mansa e incluso hablaba
normalmente sobre casi todo, excepto sobre su padre y sobre la cabeza. Durante
los ochenta años que estuvo encerrada nunca, por ejemplo, habló de su padre
como si hubiese muerto. Hablaba en presente, quiero decir, como si estuviera en
1852 y como si tuviera doce años y como si su padre estuviese en Chile y fuese
a venir de un momento a otro. Era una vieja tranquila. Pero su vida y hasta su
lenguaje se habían detenido en 1852 y como si Rosas estuviera todavía en el
poder. "Cuando ese hombre caiga", decía señalando con su cabeza hacia afuera,
hacia donde había tranvías eléctricos y gobernaba Yrigoyen. Parece que su
realidad tenía grandes regiones huecas o quizá como encerradas también con
llave, y daba rodeos astutos como los de un chico para evitar hablar de esas
cosas, como si no hablando de ellas no existiesen y por lo tanto tampoco
existiese la muerte de su padre. Había abolido todo lo que estaba unido al
degüello de Bonifacio Acevedo.
--¿Y qué pasó con la cabeza?
--En 1932 murió Escolástica y por fin pudieron revisar la cómoda y la
petaca del comandante. Estaba envuelta en trapos (parece que la vieja la sacaba

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