o más planos distintos. Pero oí frases por ahí, frases que debían tener una
relación con la verdad tan dudosa como todo lo que se relacionaba con los actos
e ideas de Fernando. Me dijeron, por supuesto, que le había echado el ojo a la
fortuna de la muchacha, que ella era una chiquilina deslumbrada por aquel
comediante; agregaban que Fernando había mantenido relaciones (algunos
afirmaban que antes, otros que durante y después del casamiento) con la madre,
una judía polaca de unos cuarenta años, de pretensiones intelectuales, que vivía
dificultosamente con su marido, un señor Szenfeld dueño de fábricas textiles. Se
murmuraba que mientras Fernando mantenía esas relaciones con la madre, la
hija quedó embarazada y que a raíz de eso "no tuvo más remedio que casarse",
frase que me hizo reír mucho cuando me la contaron, tan descabellado era
aplicarla a Fernando. Algunos informantes, que se consideran más autorizados
que otros porque jugaban a la canasta en la casa de San Isidro, sostenían que se
produjeron tormentosas escenas entre los actores de aquella grotesca comedia,
violentas escenas de celos y amenazas; y que, y esto me resultaba también
particularmente gracioso, Fernando sostuvo entonces que él no podía casarse
con la señora Szenfeld, aunque ésta se divorciase, porque pertenecía a una vieja
familia católica, y que, en cambio, su deber era casarse con la chica con quien
había tenido relaciones.
Como usted puede suponer, para quien conocía a Fernando como yo, esas
murmuraciones sólo podían proporcionarme una especie de dolorosa diversión;
pero claro que encerraban parte de la verdad, como sucede siempre con las
leyendas más fantásticas. Por lo pronto eran hechos ciertos; Fernando se casó
con una chica judía de dieciséis años; usufructuó durante un par de años una
hermosa casa en Martínez, comprada y regalada por el señor Szenfeld; dilapidó
el dinero que seguramente obtuvo para el casamiento y, por fin, la misma casa,
abandonando entonces a la chica.
Éstos son hechos.
En cuanto a las interpretaciones y murmuraciones, habría mucho que
analizar. Tal vez no esté de más que le diga lo que pienso, ya que esos episodios
echan alguna luz sobre la personalidad de Fernando, aunque no sea mucho más
que la que pueda echar sobre la esencia del diablo el conocimiento de algunas de
sus perrerías tragicómicas. Curioso: la palabra tragicómico es la primera vez que
acude a mi mente con respecto a la personalidad de Fernando, pero creo que
responde también a la verdad. Fernando fue una persona fundamentalmente
trágica, pero hay momentos de su existencia que bordean el humor, bien que se
trate de un humor tenebroso. Es seguro, por ejemplo, que en aquellos turbios
sucesos de su casamiento debe de haber dado salida a uno de sus accesos de
humorismo negro, ejecutando entonces uno de aquellos espectáculos de
comicidad infernal que tanto lo deleitaban. Esa frase de las señoras de canasta,
por ejemplo, esa frase sobre el catolicismo de su familia y sobre la imposibilidad
de casarse con una divorciada. Frase doblemente extravagante, porque además
de reírse del catolicismo de su familia y del catolicismo en general, y de todos y

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