XIV


Todavía hube de esperar dos días más. En ese lapso recibí una de esas cartas que
se envían en cadena y que normalmente se tiran a la calle. En mi caso, aumentó
mi zozobra, ya que mi experiencia me había demostrado que nada, pero lo que
se dice

NADA

podía ser desdeñado en una trama tan fantástica como la que envolvía. De modo
que la leí con cuidado, tratando de encontrar vínculos entre aquellos remotos
sucesos con licenciados y generales y mi asunto con los ciegos: Decía: "Esta
cadena proviene de Venezuela. Fue escrita por el señor Baldomero Mendoza y
tiene que dar la vuelta al mundo. Haga usted 24 copias y repártalas entre sus
amigos pero por ningún motivo entre los parientes por lejanos que sean. Aunque
no sea supersticioso los hechos le demostrarán su efectividad. Ejemplo: el señor
Ezequiel Goiticoa hizo las copias, las envió a sus amigos y a los nueve días
recibió 150 mil bolívares. Un señor llamado Barquilla tomó en broma esta
cadena y su casa sufrió un incendio que destruyó parte de su familia y por este
motivo se volvió loco. En 1904 el General Joaquín Díaz cuando recibió un
fuerte golpe del que enfermó gravemente más tarde localizó esta cadena y
ordenó a su secretaria que hiciera las copias y las mandara. Su curación fue
rápida y ahora su situación es excelente. Un empleado de Garette hizo las copias
pero se olvidó de enviarlas, a los nueve días tuvo un disgusto y perdió el
empleo; después hizo otras copias y las mandó, recobrando el empleo y hasta
recibió indemnización. El Licenciado Alfonso Mejía Reyes, de México, DF.,
recibió una copia de esta cadena, se descuidó, perdió la copia, a los nueve días
se le cayó una cornisa en la cabeza y murió trágicamente. El ingeniero Delgado
rompió la cadena y poco después le descubrieron una malversación de fondos.
Por ningún motivo rompa esta cadena. Plaga las copias y repártalas. Diciembre
de 1954".




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