quicio. Vea la delegación que acaba de llegar de mujeres norteamericanas: hay
tres directoras de la industria pesada.
Norma, tan femenina, me miró triunfalmente: lo que puede el resentimiento.
De alguna manera aquellos monstruos la vengaban de su servilismo en la cama.
El desarrollo de la industria metalúrgica de los Estados Unidos atenuaba en
cierta forma los gritos que daba en momentos culminantes, el frenesí de su
entrega incondicional. Una postura humillante era balanceada por la
petroquímica yanqui.
Era cierto: ahora que me veía obligado a recorrer los diarios, recordaba
haber visto la llegada de aquella troupe.
--También hay mujeres que boxean --comenté--. Ahora, si a ustedes esa
monstruosidad las anima...
--¿Llama usted monstruosidad al hecho de que una mujer llegue a ser
miembro del directorio de una gran industria?
Nuevamente me vi obligado a seguir, por encima de los atléticos hombros
de la señorita González Iturrat, a un transeúnte sospechoso. Esa actitud,
perfectamente explicable. aumentó la furia de la considerable arpía.
--¿Y también le parece monstruoso --agregó, entrecerrando insidiosamente
los ojitos-- que en la ciencia se destaque un genio como Madame Curie?
Era inevitable.
--Un genio --le expliqué con calma didáctica-- es alguien que descubre
identidades entre hechos contradictorios. Relaciones entre hechos
aparentemente remotos. Alguien que revela la identidad bajo la diversidad, la
realidad bajo la apariencia. Alguien que descubre que la piedra que cae y la
Luna que no cae son el mismo fenómeno.
La educadora seguía mi razonamiento con ojitos sarcásticos, como una
maestra a un chico mitómano.
--¿Y Madame Curie es poco lo que descubrió?
--Madame Curie, señorita, no descubrió la ley de la evolución de las
especies. Salió con un rifle a cazar tigres y se encontró con un dinosaurio. Con
ese criterio también sería un genio el primer marinero que divisó el Cabo de
Hornos.
--Usted dirá lo que quiera, pero el descubrimiento de Madame Curie
revolucionó la ciencia.
--Si usted sale a cazar tigres y se encuentra con un centauro, también
provocará una revolución en la zoología Pero no es esa clase de revoluciones la
que provocan los genios.
--Según su opinión, a la mujer le está vedada la ciencia.
--No, ¿cuándo he dicho eso? Además, la química se parece a la cocina.
--¿Y la filosofía? Usted prohibiría, seguramente, que las muchachas
ingresen en la facultad de filosofía y letras.
--No, ¿por qué? No hacen mal a nadie. Además allí encuentran novio y se
casan.
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