paradojal como la que en las pesadillas nos hacen marchar hacia el horror, fui
penetrando en las regiones prohibidas donde empieza a reinar la oscuridad
metafísica, vislumbrando aquí y allá, al comienzo indistintamente, como
fugitivos y equívocos fantasmas, luego con mayor y aterradora precisión, todo
un mundo de seres abominables.
Ya contaré cómo alcancé ese pavoroso privilegio y cómo después de años de
búsqueda y de amenazas pude entrar en el recinto donde se agita una multitud de
seres, de los cuales los ciegos comunes son apenas su manifestación menos
impresionante.




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