todavía muchos años para alcanzar el significado probable de aquellas oscuras
palabras. Y también pensó que si en aquel entonces hubiera tenido más edad y
más experiencia, le habrían asombrado palabras como aquellas, dichas por una
muchacha de dieciocho años. Pero también muy pronto le habrían parecido
naturales, porque ella había nacido madura, o había madurado en su infancia, al
menos en cierto sentido; ya que en otros sentidos daba la impresión de que
nunca maduraría: como si una chica que todavía juega con las muñecas fuera al
propio tiempo capaz de espantosas sabidurías de viejo; como si horrendos
acontecimientos la hubiesen precipitado hacia la madurez y luego hacia la
muerte sin tener tiempo de abandonar del todo atributos de la niñez y la
adolescencia.
En el momento en que se separaban, después de haber caminado unos
pasos, recordó o advirtió que no habían combinado nada para encontrarse. Y
volviéndose, corrió hacia Alejandra para decírselo.
--No te preocupes --le respondió--. Ya sabré siempre cómo encontrarte.
Sin reflexionar en aquellas palabras increíbles y sin atreverse a insistir,
Martín volvió sobre sus pasos.
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