-Bueno, Dumbledore dice que lo está dijo Fudge, al tiempo que abotonaba
la capa rayada bajo su barbilla- Pero nunca lo encontramos. Para mi no es
peligroso a menos que tenga apoyo, así que es por Black que deberíamos
preocuparnos. ¿Pondrá ese aviso, verdad? Excelente. Bueno, ¡Espero que no nos
veamos de nuevo, Primer Ministro! Buenas noches.
Pero si se vieron de nuevo. Menos de un año después un Fudge muy
preocupado apareció de la nada de un armario para informarle al Primer Ministro
que habían ocurrido terribles incidentes en el Campeonato Mundial de Cuiditch (o
algo por el estilo) y que había varios Muggles involucrados, pero que el Primer
Ministro no se tenía que preocupar, el hecho de que la Marca Tenebrosa del
Innombrable haya sido vista de nuevo no significaba nada, Fudge estaba seguro de
que era un incidente aislado, y mientras ellos hablaban, la Oficina de Enlace
Muggle se estaba encargando de sus memorias.
-¡Ah! Y casi me olvido agregó Fudge- Estamos por traer tres dragones
extranjeros y una esfinge para el Torneo de los Tres Magos, solo una rutina, pero el
Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas me dice que está
escrito en el reglamento que debemos notificar si traemos criaturas altamente
peligrosas al país.
-Yo... ¿Qué?... ¿Dragones? dijo excitadamente el Primer Ministro.
-Si, tres dijo Fudge- Y una esfinge. Bueno, que tenga un buen día.
El Primer Ministro había deseado con toda esperanza que los dragones y
esfinges sean lo peor de todo, pero no. Menos de dos años después Fudge apareció
de nuevo del fuego, esta vez con la noticia de que había habido una fuga en masa
de Azkaban.
-¿Una fuga en masa?-repitió roncamente el Primer Ministro.
-¡No hay que preocuparse! ¡No hay que preocuparse! Gritó Fudge, con un
pie en las llamas- ¡Los atraparemos pronto, solo pensé que debía saber!
Y antes de que el Primer Ministro pudiera gritar ¡No, espere un momento!
Fudge había desaparecido en una lluvia de llamas verdes.
Sea lo que sea que la prensa y la oposición pudieran decir, el Primer
Ministro no era un hombre tonto. No se le había escapado que, a pesar de las
garantías de Fudge en su primera reunión, estaban viendo mucho uno del otro
ahora, y notaba que Fudge se volvía más nervioso con cada visita. Aunque le
Harry Potter y el Misterio del Príncipe 8
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