-Usted... ehh... su... Lo que quiero decir, su gente estuvo.... Estuvo
involucrada en esas....en esas cosas.... ¿No es cierto?

Fudge miro muy severamente al Primer Ministro.

-Claro que estuvo involucrada- dijo- Seguramente se habrá dado cuenta de
lo que esta pasando.

-Yo... -balbuceó el Primer Ministro.

Era precisamente esta clase de comportamiento la que hacia que le
desagradaran tanto las visitas de Fudge. Después de todo, él era el Primer Ministro
y no le gustaba que lo hicieran sentir como un escolar ignorante. Pero, por
supuesto, había sido así desde su primera reunión con Fudge en su primer día de
Primer Ministro. La recordaba como si fuese ayer y sabía que el recuerdo lo
perseguiría hasta el día en que muriera.

Estaba parado solo en su oficina, saboreando el triunfo que había logrado
tras muchos años de soñar y planear, cuando oyó una tos detrás de él, como esta
noche, y se volvió para encontrarse con ese retrato horrible que le hablaba,
anunciándole que el Ministro de la Magia iba a llegar para presentarse.

Naturalmente, supuso que la campaña larga y la tensión nerviosa de las
elecciones lo habían vuelto loco. Estaba completamente aterrorizado al ver que un
retrato le hablaba, pero eso no fue nada con respecto a cómo se sintió cuando un
hombre que se auto proclamó mago saltó de la chimenea y estrechó su mano.
Había quedado sin habla durante la explicación amable de Fudge acerca de que
había brujas y magos que aun vivían en secreto por todo el mundo y sus garantías
de que no debía hacerse problema por ellos mientras el Ministro de la Magia
asumiera toda la responsabilidad por la Comunidad Mágica y previniera a la
población no-mágica de averiguar sobre ellos. Era, dijo Fudge, un trabajo difícil
que comprendía todo desde regulaciones para el uso responsable de las escobas,
hasta mantener la población de dragones bajo control (en este punto el Primer
Ministro recuerda haberse agarrado del escritorio para no caerse). Fudge le había
dado unas palmaditas en el hombro en forma paternal al anonadado Primer
Ministro.

-No hay que preocuparse ­había dicho- Es probable que nunca me vea de
nuevo. Sólo lo molestaré si pasa algo realmente serio, algo que pueda afectar a los
Muggles... la población no-mágica, debo decir. De todas formas, es vivir y dejar
vivir. Y debo decir que se lo está tomando mucho mejor que su antecesor. Trató de
tirarme por la ventana, pensando que era una broma planeada por la oposición.



Harry Potter y el Misterio del Príncipe 5

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