-Para futura referencia, Harry, es frambuesa... aunque, por supuesto, si
fuera un mortífago, podría haberme asegurado de averiguar mis propias
preferencias sobre mermelada antes de pretender ser yo mismo.

-Er... correcto- dijo Harry-. Bien, en panfleto, decía algo sobre los Inferi.
¿Qué son exactamente? El panfleto no era muy claro al respecto.

-Son cadáveres- dijo Dumbledore con calma-. Cuerpos muertos que han sido
encantados para seguir la voluntad de un brujo oscuro. Aunque los Inferi no han
sido vistos en mucho tiempo, no desde la última vez que Voldemort estaba en el
poder... Asesinó a suficiente gente para hacer su propio ejército de ellos, por
supuesto. Éste es el lugar, Harry, justo aquí...

Se estaban aproximando a una pequeña casa de piedra ubicada en su propio
jardín. Harry estaba demasiado ocupado digiriendo la horrible idea de los Inferi
como para prestar mucha atención a todo lo demás, pero al llegar a la reja,
Dumbledore se detuvo abruptamente y Harry chocó contra él.

-Oh, Dios. Oh, Dios, Dios, Dios.

Harry siguió su mirada a través del bien cuidado camino que llevaba a la
casa y sintió su corazón detenerse. La puerta principal estaba colgando de los
goznes.

Dumbledore miró a uno y otro lado de la calle. Parecía completamente
desierta.

-Saca tu varita y sígueme, Harry- dijo en voz baja.

Abrió la reja y caminó rápida y silenciosamente por el sendero de piedra del
jardín, con Harry pisándole los talones, y empujó la puerta frontal muy
lentamente, su varita alzada y lista para cualquier hechizo.

-Lumos.

La punta de la varita de Dumbledore se encendió, proyectando su luz por el
estrecho corredor. A la izquierda, otra puerta también estaba abierta. Sosteniendo
su varita iluminada en alto, Dumbledore caminó hacia la sala de estar con Harry
justo detrás suyo.




Harry Potter y el Misterio del Príncipe 51

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